Setdart Subastas, contáctenos en el Telf: +34 932 463 241 y 936 247 055

Noticias > Los simbolos en la pintura de época Moderna

17/11/2017
22:13:26 CET




Ayuda tv concept Contacte con Setdart

Facebook Vimeo
Google+
Twitter PinInterest



Volver a la subasta

Simbología en la Pintura


El símbolo es un código de representación ilimitado que ha acompañado al ser humano desde sus inicios. Su conocimiento es complejo y su polivalencia ha conseguido que se mantenga vivo su análisis y estudio hasta nuestros días, donde se continúa trabajando su significado en diferentes disciplinas. Quizás sea la historia del arte la más atractiva de todas ellas, está plagada de símbolos desde la Antigüedad. Es en los elementos de la pintura donde convergen ante nuestros ojos, la voluntad del artista, su representación plástica y su significado simbólico.

Los símbolos de la Antigüedad fueron reorganizados en la Edad Media dando forma a un nuevo código simbólico enmarcado en la religión cristiana; se establecieron los principios representativos del bien y del mal y se formó la imagen de los principales protagonistas de la historia bíblica, tales como Cristo, la Virgen y los santos, entre otros. Estos cánones establecidos continuaron ejerciendo su poder en el mundo del arte durante siglos. En la época Moderna, que abarca los siglos XVI, XVII y XVIII, podemos contemplar uno de los motivos más representativos de la religión católica: la Inmaculada Concepción.


Si contemplamos la iconografía de esta escena podremos ver varios símbolos que nos hablan más allá del acontecimiento propiamente representado, donde se muestra como María fue concebida sin pecado original convirtiéndose en la nueva Eva, que esta vez sí, triunfará sobre el mal. En la imagen podemos observar a la Virgen elevándose coronada con doce estrellas, símbolo de las doce tribus de Israel; sobre ella se alza al vuelo ante la apertura de los cielos, una paloma blanca. Este símbolo de la paloma es muy conocido como representación del Espíritu Santo, pero en la escena de la Inmaculada adopta otro significado basándose éste, en la Gracia divina que la Virgen dispensa sobre la Tierra. María está acompañada por ángeles, los cuales derivan de la Antigüedad y son símbolo de un ser superior al humano, que en la religión cristiana actúan como mensajeros de Dios. En el centro de la imagen observamos como la Virgen se eleva sobre un globo terráqueo donde se posan dos símbolos claves para hacer ver al espectador que estamos ante la representación del dogma de la Inmaculada Concepción: estos son la media luna y la serpiente.

El símbolo de la Luna está presente junto a las principales diosas de la Antigüedad, como la egipcia Isis o la griega Ártemis (Diana), a quienes el símbolo lunar les identifica al igual que a la Virgen María en esta escena. Vemos en este hecho una conexión hereditaria de los símbolos de la Antigüedad pagana con la religión cristiana. La media luna se representa en la Inmaculada, al igual que en las diosas antiguas, como símbolo del principio femenino, opuesto y complementario al Sol, que sería el masculino y que en la cosmología cristiana está representado por Cristo, como veremos más adelante. Sobre este símbolo tan antiguo, la figura de María se presenta como la de la madre universal y dispensadora de Gracia.

Cerca del símbolo de la Luna se encuentra el de la serpiente; símbolo del mal, de la tentación y de la envidia. El pecado original cometido por Eva será ahora redimido por María, quien triunfa firmemente sobre el mal al que pisa. Otros símbolos habituales que acompañan a la figura de la Virgen son la fuente del Paraíso y el agua de la vida, símbolos que aluden a la función generadora y vivificadora de la Virgen. El lirio también es un símbolo reiterativo en las escenas de la vida de la Virgen, el cual nos habla de la pureza y de la Inmaculada Concepción de María. También podemos ver este símbolo del lirio en la escena de la Anunciación donde se origina el milagro de la concepción de Jesús.

 


Es este último, el gran protagonista del Nuevo Testamento, la escena de la crucifixión de Cristo, podríamos decir que es una de las más representadas de la historia del arte desde la época medieval hasta nuestros días. Es la imagen central del arte cristiano y el punto culminante del dogma católico.


En esta escena podemos contemplar la soledad de Cristo en la cruz, imagen propia en las obras de la Contrarreforma, no estamos ante la común visión donde se narra la historia evangélica en un cuadro repleto de personajes. Durante la Edad Media, la crucifixión de Jesús se representaba simbólicamente con el cordero de Cristo yuxtapuesto a una cruz, puesto que en época romana el Cristianismo era una religión perseguida. Ya a partir de la Edad Media podemos contemplar la escena como nos la cuentan las Sagradas Escrituras, pero ello no quiere decir que hayan desaparecido los símbolos en esta escena.

Si observamos la pintura, veremos el símbolo clave para la interpretación del acontecimiento de la Crucifixión: La calavera. Esta suele encontrarse al pie de la cruz, en el monte Gólgota «el lugar de la calavera» junto a los huesos humanos que la acompañan, los cuales pertenecen al primer hombre, Adán. Al igual que la Virgen María se representa como redentora del pecado de Eva, Cristo lo hace como el de Adán convirtiéndose así en los salvadores del pecado original cometido por los primeros hombres. Por ello en la crucifixión vemos los huesos de Adán, lugar mismo dónde se cree estos fueron enterrados y que ahora son testigos de cómo Jesús muere clavado en la cruz para liberar a los hombres del pecado original que la humanidad había heredado de él. El símbolo de la calavera es el principal para representar la doctrina cristiana de la Redención.

Los otros símbolos importantes que podemos encontrar en esta escena son los del Sol y la Luna, uno a cada lado de la cruz. Estos son una característica habitual de las crucifixiones medievales y son poco comunes, ya pasados el siglo XV. Los símbolos del Sol y la Luna tiene su origen en los dioses de la Antigüedad griega y fueron adoptados por el Cristianismo a través de la fiesta de la Navidad, antigua celebración pagana del nacimiento del Sol. Pero en el tema Crucifixión y según el testimonio de San Agustín, el Sol y la Luna simbolizan la relación prefigurativa de los Testamentos cristianos: el Antiguo Testamento sería la Luna iluminada por la luz del Nuevo Testamento, el Sol. Volvemos aquí a la idea de renacer de los dioses de la Antigüedad, donde se representaban los principios del masculino (Sol - Apolo) y el femenino (Luna - Ártemis).

Este símbolo procedente de la tradición clásica, es adaptado en la cultura cristiana, como ya ha quedado patente en la representación de la media luna, que acompaña a la Inmaculada Concepción.


Si volvemos por un momento al símbolo de la calavera, éste sí de origen medieval y desconocido en la Antigüedad, veremos que tiene otro significado a parte de simbolizar la Redención cristiana. En el siglo XVII simboliza también la contemplación de la muerte como ejercicio espiritual. Desde finales del siglo XVI podemos ver abundantes representaciones artísticas donde se ven santos en oración ante una calavera. Es el atributo de varios santos como San Francisco de Asís, pero también de otro personaje bíblico como es María Magdalena penitente. La calavera junto a este personaje, como podemos contemplar en la escena, simboliza la fugacidad de la vida terrenal.


 

 


También es un símbolo muy común en las Vanitas, bodegones muy usuales en la pintura del siglo XVII, donde se representan bienes terrenales como dinero, joyas, instrumentos musicales, etc. Símbolos que junto al de la calavera, que es el más destacado, nos hablan de la inconsciencia humana sobre la vida y la fragilidad de la misma. El reloj de arena y la vela apagada nos recuerdan que el tiempo pasado jamás volverá, o lo que es lo mismo, "tempus fugit et no reverteris".

No obstante la pintura del siglo XVII no fue esclava de la religión Cristiana. Las imágenes de los siglos XV y XVI ya estuvieron profundamente influidas por los mitos de la Antigüedad grecorromana, gracias al fenómeno del Humanismo y su reencuentro con los grandes clásicos de la literatura y la filosofía antigua. En la época Moderna, este reencuentro con el pasado es continuo y la representación de aquellos antiguos dioses, es un tema icnográfico más en el arte de la pintura. Sus símbolos paganos además de influir como hemos podido ver en la reorganización medieval de los símbolos cristianos, han mantenido durante el devenir de los siglos su significado, dando así al espectador las claves interpretativas para descifrar ante que personaje de la Antigüedad nos encontramos.


En esta última imagen podemos contemplar a la diosa Afrodita (Venus) rodeada de su sequito de ninfas, las cuales la peinan y de angelotes, conocidos como putti. Alrededor de la figura femenina recostada, hallamos los símbolos que nos hacen reconocer en ella a la diosa clásica del amor y la belleza. Por ejemplo, las joyas, éstas de la mano del angelote que saca una de ellas del cofre para ofrecérsela a Venus, siendo éste uno de los símbolos más ligados a la divinidad griega, el cual hace alusión a la felicidad temporal; el segundo símbolo más común para identificar a la deidad de la belleza son las flores, las que aquí decoran la escena colocadas en un jarro sobre la mesa. Las flores son símbolo del jardín de Venus, es el escenario destinado a la representación del amor. El tercer símbolo es el del espejo, alegoría común en la pintura de Afrodita donde éste se convierte en instrumento de seducción y belleza. El espejo nos muestra la visión directa de la divinidad, la cual no les ha sido concedida a los mortales. El símbolo aquí más destacado podríamos decir que es la fuente, este símbolo es muy rico en interpretaciones y para descifrarlo correctamente tenemos que contemplarlo en conjunto con la escena donde se representa, buscando así, su significado apropiado. Junto a Venus, la presencia de la fuente relaciona el agua que mana de ella con la purificación del cuerpo y el erotismo. El símbolo de la fuente es común en las representaciones de rituales de amor, por tanto es común acompañante de la diosa Afrodita, quien en sí es un símbolo, ella representa el amor espiritual, una virtud de la humanidad. Pero también hemos visto que la fuente es un símbolo versátil, puesto que dentro de la iconografía cristiana aparece en alusión al poder vivificador de la Virgen María.

Los elementos de una pintura se forman de dos unidades: la de concepción y la de significado. Los símbolos son las claves para descifrar este significado nacido de la voluntad del artista. En el siglo XVI se empieza a reunir este repertorio simbólico en tratados y diccionarios, los cuales eran utilizados por los artistas para representar correctamente los símbolos convenientes. A lo largo de los siglos XVII y XVIII, hubo una reafirmación del significado de los símbolos y esto los convirtió a algunos de ellos, como los que hemos visto, en un arma educativa de la religión ante la mayoría de creyentes analfabetos. Así contemplamos como el mundo de los símbolos oscila entre la sencilla representación de los Santos con los símbolos propios de sus vidas y muertes y las complejas composiciones simbólicas heredadas de la mitología o la alquimia. Existe, por tanto, una compleja convivencia de los símbolos con su gran versatilidad y su gran riqueza que hacen más interesante, si cabe, el devenir de la historia de la pintura.


Volver a la subasta





 Versión Imprimible  Versión Imprimible

 Enviar a un Amigo  Enviar a un Amigo




¿ Desea recibir nuestro boletin de novedades ?







Sí desea que le ayudemos
a registrarse como usuario
llámenos al teléfono 93 246 32 41