Escuela española c. 1500.
“Crucifixión”.
Predela de retablo, óleo sobre madera.
Medidas: 58 x 160 x 20 cm.
En esta predela o banco, parte inferior del retablo de formato horizontal, se ha representado la Crucifixión, con la figura de Cristo en la cruz situada en el centro, sobre un fondo de paisaje en el que se aprecia con claridad de ciudad de Jerusalén. A ambos lados de la cruz se disponen grupos de tres personajes, en una composición simétrica netamente clásica. En el lado izquierdo aparece María y en el derecho san Juan Evangelista, ambos acompañados por dos figuras más, seguramente las Tres Marías y Nicodemo. La pintura se encuadra dentro del marco arquitectónico típico del retablo, con cornisa superior y basamento, y dos columnas a los lados de inspiración clásica, con marcado éntasis en el centro y acanaladuras pintadas en su zona superior.
En España, la pintura del siglo XV se desarrolla bajo la influencia de dos estilos extranjeros: el flamenco y, bajo la influencia italiana, primero el estilo internacional y, avanzando en el siglo, el primer renacimiento. En la primera mitad del siglo las formas y la iconografía del gótico internacional se difunden por toda Europa, lo que permite la creación de un estilo en el que se incorporan nuevas preocupaciones por la anatomía, la luz y el espacio, al tiempo que se busca lo narrativo, haciendo hincapié en la anécdota y los temas secundarios sin renunciar a cierta tendencia idealizadora. También el paisaje y la arquitectura empiezan a tomar importancia. Durante la segunda mitad del siglo XV, sin embargo, cobrará más peso lo flamenco, aunque ciertas escuelas permanecerán permeables a lo italiano, recibiendo la influencia del Quattrocento. En estos momentos la influencia flamenca, sobre las bases de lo ya avanzado durante los primeros cincuenta años del siglo, favorecerá la definitiva renovación de la pintura española. La pintura al óleo será la principal novedad, así como la tendencia hacia el naturalismo, la dramatización o la primacía del color.
En esta predela se aprecia un mayor predominio de lo italiano, aunque sí se introducen novedades flamencas como la técnica del óleo o la acusada narratividad, basada en una minuciosa descripción. Sin embargo, las figuras no son ya las estilizadas del estilo internacional, ni tampoco siguen modelos de Flandes, sino que denotan una cierta influencia clásica, un intento por parte del autor de situar a los personajes en un espacio tridimensional, en un sentido más escultórico que dibujístico. También los colores son más italianos que flamencos, aplicados en grandes campos y sutilmente compensados, trabajados con un cierto claroscuro que realza el naturalismo de los pliegues de las telas.