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SUBASTAS DE “Floreros”, 1690-1700. ARELLANO, José de

25/06/2017
03:52:03 CEST




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Lote: 35069784
Final de subasta : 27 Jun 2017 18:28
Tiempo restante: 2017-06-27 18:28:00 GMT+02:00
Valor estimado: 30000-40000 €
Próxima puja 9000


DESCRIPCION

JOSÉ DE ARELLANO
(Madrid, doc. 1665 – 1710).
“Floreros”
Pareja de óleos sobre lienzo.
Medidas: 45,5 x 53 cm; 59,5 x 67 cm (marco).
Pintados hacia 1690

Pareja de bodegones de flores perfectamente enmarcados dentro del barroco pleno español, con un magnífico tratamiento de las calidades, los colores y, especialmente, la efectista iluminación tenebrista, que dota a las flores de una presencia y un aspecto tridimensional que alcanza un nivel ilusionista, casi de trampantojo. Las flores, trabajas en ambos cuadros en tonos rojos, ocres y blancos, surgen de la penumbra en entorno, de un delicado jarrón de vidrio incoloro, trabajado con gran maestría. En ambos casos el jarrón se sitúa en un pedestal de perfiles irregulares, de aspecto pétreo, trabajado en los mismos tonos neutros del fondo, indeterminado, no sabemos si interior o exterior. El pretil destaca sobre el fondo al quedar algo más iluminado, reforzando la construcción espacial de forma naturalista.
Como es habitual dentro del bodegón barroco español, incluso en la segunda mitad del siglo XVII, la composición es clásica y equilibrada. No obstante, ya en la segunda mitad de la centuria serán numerosos los pintores que, reflejando el avance del lenguaje en un sentido cada vez más escenográfico y dinámico, comiencen a introducir composiciones ligeramente asimétricas, líneas diagonales y bodegones organizados en varios planos de profundidad, incluso abiertos a paisaje. En esta pareja de obras, en cambio, se respetan aún los cánones del primer barroco. Este hecho, sumado a las características formales y técnicas de ambas obras, nos permite relacionar su ejecución con la mano de José de Arellano, pintor de flores de la segunda mitad del siglo XVII pero en cambio muy deudor del estilo de quien fuera su padre y maestro, Juan de Arellano (1614-1676). En la obra de José de Arellano, como en la de su padre, se aprecia la transformación de la herencia de Juan van der Hamen y Antonio Ponce en una dirección de mayor complicación barroca, dejando atrás los conceptos más formales y rígidos de sus antecesores. También se aprecia la importancia de la influencia de pintores flamencos como Daniel Seghers, de quien Arellano padre aprendió la técnica minuciosa y preciosista que su hijo aprendió, destacando como uno de sus más importantes discípulos. También se aprecian en estos dos lienzos la exhuberancia aprendida por Juan de Arellano del italiano Mario dei Fiori.
Pintor especializado en la temática del bodegón de flores, José de Arellano fue discípulo de su padre, Juan de Arellano, uno de los más destacados especialistas en pintura de flores del barroco español. Fue asimismo hermano de los también pintores Manuel y Julián de Arellano. Siguió de forma fiel el estilo de su padre, hasta el punto de que varias de sus obras han sido atribuidas a éste. No obstante, su lenguaje se diferencia del de Juan de Arellano en su pincelada más seca y su paleta más apagada. Poco sabemos a nivel documental de su biografía, aunque sí conocemos la fecha de su bautizo, que tuvo lugar en la parroquia de San Ginés de Madrid en 1653, siendo su padrino el también pintor Juan Fernández de Laredo. Actualmente está representado en el Museo del Prado (obras en depósito en el Ayuntamiento y la Casa de Colón de Las Palmas de Gran Canaria y la Embajada de España en la ONU, en Nueva York).
Mientras durante la primera mitad del siglo el bodegón es ordenado y claro, de estética clasicista, las obras de la segunda mitad del siglo presentan unas características bien diferentes, fruto de la evolución estilística hacia el pleno barroco, dejado ya atrás el clasicismo dominante de principios de siglo. En obras como la pareja de floreros que aquí presentamos se mantiene el gusto por el extremo naturalismo, que lleva al autor a describir minuciosamente no sólo los detalles de las flores y los jarrones, sino también a transmitir sus diferentes calidades táctiles. Estas dos obras presentan, sin embargo, rasgos formales que corresponden al momento de transición entre el naturalismo de principios de siglo y el pleno barroco de la segunda mitad del XVII, momento representado primero por Juan de Arellano y luego por su hijo José. Se trata de composiciones dinámicas en lo que respecta a la disposición de las flores, y éstas aparecen plenas, voluminosas, en todo su esplendor, casi a punto de marchitarse, como será propio del barroco (en el rococó, en cambio, las flores se preferirán a medio abrir, no tan plenas). Sin embargo, los jarrones se sitúan en el centro estricto del cuadro, sobre sencillos pedestales y ante un fondo oscuro sobre el que se recortan las flores, vivamente iluminadas. Se trata de composiciones centradas y dominadas por la geometría, no aún las estructuras abiertas y dinámicas, llenas de diagonales, del pleno barroco. Sin embargo, la disposición de las flores ha perdido ya el estricto rigor y la austeridad del barroco naturalista. El aspecto lumínico, por otra parte, es clave en estas dos obras, y revela la directa influencia del barroco tenebrista, que llega a estos pintores bodegonistas a través de la obra de Maíno.

OBSERVACIONES

Se adjunta informe de Enrique Valdivieso González, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla. Parches al dorso.

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