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AUCTIONS OF Pintura de Alta Época Sort Lots by:
TITLE  +    -  

DATE  +    -  

End Auction Date  +    -  

Top Bid
750 Euros

Estimated Value
20000 Euros
Auction Ends

31 mar 2010 17:35
Lote: 30124855 RECCO, Giuseppe (Nápoles, 1634 – Alicante, 1694).
“Bodegón”.
Óleo sobre lienzo.
Firmado.
Procede de la colección del Marqués de la Remisa.
Medidas: 100 x 82 cm; 123 x 106 cm (marco).
Pintor italiano miembro de una familia estrechamente vinculada a la pintura de bodegones, es actualmente considerado el más destacado bodegonista napolitano del siglo XVII. Su producción es abundantísima, y en ella aborda desde representaciones de flores hasta las de peces, pasando por las vánitas. Recco se mantuvo siempre abierto a la asimilación de las más variadas referencias culturales, entre las que se incluye el conocimiento de las naturalezas muertas romana, española y flamenca. Las fuentes antiguas vinculaban su aprendizaje al norte de Italia, concretamente a la región de Lombardía, aunque este hecho no está probado documentalmente. En todo caso, su formación se atribuye con mayor seguridad al ámbito familiar. Estas lagunas sobre su trayectoria y formación quizá se deban a que comercializó sus obras en el mercado libre, prescindiendo de contratos escritos. Trabajó en Nápoles para varios virreyes españoles, y en un documento de 1682 se le nombra como pintor del Marqués de los Vélez, virrey durante esos años. Las fuentes antiguas, además, hacen mención a su condición de caballero de la orden de Calatrava, lo que podría relacionarse con los documentos publicados por Pérez Sánchez en 1989, pero que hasta ahora no son suficientes para afirmar taxativamente la condición noble del pintor. Su gran fama le hizo ser reclamado por Carlos II, pero desgraciadamente no logró llegar a la corte, pues murió cuando se dirigía a Madrid tras haber desembarcado en el puerto de Alicante. Una de sus principales especialidades fue el bodegón de peces, género que se halla especialmente representado en las colecciones españolas. Artista prolífico y versátil, Recco busca en sus obras un aire rústico, tosco en la selección de elementos, aunque algo matizado por la presencia de elegantes piezas de vidrio, una fina copa en el caso de este lienzo. El suyo es un lenguaje plenamente naturalista, con luz tenebrista y ricas superficies de pigmento que evocan las texturas de los elementos representados, rasgo típico de las tradiciones napolitanas de la pintura de bodegones. En este ejemplo vemos una fuerte luz que entra por el lado derecho, proyectando sombras fuertemente contrastadas. Los tonos rojos, anaranjados y grises de los objetos y los peces forman el centro luminosos de la composición, mientras que otras tonalidades parecen emerger desde la penumbra en una acertada disposición. Recco trabajaba con gran esmero, cosa que es apreciable en el dibujo y sombreado particularmente fino de los elementos, o en los toques de color puro que intensifican la saturación cromática.
Giuseppe Recco está actualmente representado en el Museo del Prado, el Cerralbo de Madrid, la Academie der Bildenen Künst de Viena, las Galerías Nacionales de Helsinki y Liubliana, los Museos Nacionales de Varsovia y Capod
30124855
sbl
Top Bid
0 Euros

Estimated Value
12000 Euros
Auction Ends

30 mar 2010 17:50
Lote: 30129403 Escuela hispanoflamenca del siglo XVI.
“O Mater Dei / Memento Mei”.
Óleo sobre tabla.
Medidas: 56,5 x 38 cm; 78 x 59,5 cm (marco).
Durante el siglo XV, la influencia de la escuela pictórica flamenca fue clave en el desarrollo del arte europeo, y de manera especial en España, ligada a los Países Bajos por lazos políticos y económicos. En ese momento, los pintores flamencos sentaron un modelo estilístico basado en la búsqueda de la realidad, centrándose en la plasmación de las calidades de los objetos, otorgando una especial importancia a los detalles secundarios y utilizando una técnica lisa y dibujística. En el siglo XVI, a raíz de la introducción de las novedades del renacimiento italiano, el estilo flamenco evoluciona hacia un sentido más clásico y escultórico, conservando sin embargo sus características propias. Este cambio se traslada también a la escuela hispanoflamenca, que cuenta además con cauces de penetración del estilo italiano independientes. A España llegan influencias principalmente de Rafael y sus seguidores, a través de grabados, óleos y pintores que viajan entre ambos países. En el caso de este cuadro, el autor centra la atención del espectador en el primer plano, creando una tensión espacial típicamente manierista al ubicar a las figuras, de gran tamaño, en primerísimo plano, casi ocupando todo el cuadro y cerrando el espacio al fondo. La escena presenta a la Virgen y el Niño Jesús abrazados en actitud cariñosa, María rodeando con sus brazos a su hijo en gesto protector y éste apoyando su cabeza sobre el hombro de ella, mientras sostiene un rosario. Ambas figuras aparecen representadas primer término, la Virgen de medio cuerpo, sobre un fondo neutro iluminado por los rayos de luz que coronan sus cabezas. Esta utilización de figuras de gran tamaño, firmemente asentadas en el espacio, así como el colorido de gama clásica, responden a influencias netamente italianas. Sin embargo, el resto es plenamente flamenco, tanto la composición como el tratamiento de los rostros, la iluminación, etc. El pintor presenta a las figuras de medio cuerpo muy cerca del espectador, una composición típicamente flamenca que ya veíamos en obras del siglo anterior. La falta de desarrollo en profundidad responde a la misma influencia, al igual que la luz contrastada y efectista, que modela los rostros y la anatomía del Niño buscando un aspecto realista y natural. Asimismo, los modelos de rostro remiten a modelos de los primitivos flamencos, aunque algo suavizados por la influencia de la obra de Rafael y sus seguidores.
30129403
Top Bid
200 Euros

Estimated Value
4000 Euros
Auction Ends

30 mar 2010 17:17
Lote: 30124839 Escuela italiana de finales del siglo XVIII – principios del XIX.
“Ruinas”.
Óleo sobre lienzo.
Medidas: 77 x 100 cm; 87 x 110 cm (marco).
Este cuadro se muestra deudor del modelo de paisaje definido por Claudio de durante el siglo XVII. Muestra, dominando la composición, un conjunto majestuoso y monumental de ruinas clásicas, entre las cuales descansan y pasean varias figuras. La composición es marcadamente escenográfica, con una perspectiva claramente definida y marcada, que guía la mirada del espectador hacia el arco del fondo, que se abre a una zona fuertemente iluminada. La luz, dorada y crepuscular, es la propia del paisaje clasicista, aunque trabajada con el efectismo de Lorena, buscando expresivos contrastes de claroscuro. Las edificaciones se recortan sobre un amplio celaje, despejado y poblado por nubes que reflejan los juegos de luz. Éste ocupa gran parte del cuadro, quedando la tierra limitada a una estrecha banda horizontal. Sin embargo, el desarrollo del cielo es interrumpido por la imponente presencia de la arquitectura clásica, captada a través de un punto de vista bajo que refuerza su monumentalidad, a la manera de los paisajistas románticos. Este planteamiento de la arquitectura clásica contemplada bajo una trabajada luz crepuscular está directamente heredado de Lorena, pero sin embargo el punto de vista es ya totalmente diferente, más acorde con la nueva sensibilidad romántica que impera a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Así, ya no se trata de una recreación idílica de un pasado grandioso, sino que el edificio se convierte en elocuente ruina, invitando a la reflexión sobre el paso del tiempo. Y los personajes que habitan la escena no son figuras vestidas a la antigua, sino plenamente contemporáneas, lo que refuerza aún más ese sentido de melancolía, de pérdida por el efecto del paso del tiempo.
30124839
Top Bid
325 Euros

Estimated Value
1500 Euros
Auction Ends

23 Mar 2010 18:52
Lote: 30124788 Escuela española del siglo XVIII.
“San Antonio Abad”.
Óleo sobre lienzo.
Medidas: 49 x 39 cm; 62 x 51 cm (marco).
Según la leyenda, San Antonio abad nace en Egipto en el año 251, y muy joven se retira a la soledad del desierto. Hacia el final de su vida, visitó a Pablo el ermitaño, superior de los anacoretas de la Tebaida, milagrosamente alimentado por un cuervo que ese día llevó en su pico doble ración de pan. Algún tiempo después, al enterarse de la muerte de su venerable hermano, fue a enterrarlo ayudado por dos leones. Además, en Cataluña se le atribuyeron aventuras y milagros que sirvieron de tema a Jaume Huguet para su retablo de San Antonio en Barcelona. La orden de los antoninos se fundó en el siglo XI bajo la advocación de San Antonio como santo curador. Para mantener sus encomiendas y hospitales, los antoninos se dedicaban a la crianza de cerdos. Gozaban del privilegio de dejar vagar a sus animales, reconocibles por la campanilla que tintineaba en sus cuellos, por las calles de los pueblos y los terrenos comunales. De ahí que uno de los atributos más populares del santo sea un animal con cencerro al cuello, normalmente un cerdo aunque, como aquí vemos, también podía tratarse de una vaca. La extraordinaria popularidad de San Antonio se debe, no obstante, a su fama como santo curador, y de ahí que se le represente aquí con una muleta como atributo iconográfico. Habitualmente, a este santo se le representa como un anciano barbado que viste un sayal con capucha, prenda común de los antoninos. Aparte de los ya mencionados, otro de sus atributos más frecuentes es la tau, que aquí aparece como símbolo divino en el cielo, irradiando luz. En el caso de este lienzo se le representa en el desierto, como penitente, y de ahí que se complete la escena con la cruz y la calavera sobre las que medita, y el flagelo con que se fustiga.
30124788
Top Bid
2000 Euros

Estimated Value
9000 Euros
Auction Ends

23 Mar 2010 17:52
Lote: 30127639 BAYEU Y SUBÍAS, Fray Manuel (Zaragoza, 1740 – Cartuja de las Fuentes, Huesca, 1809).
“Purísima Concepción”.
Óleo sobre lienzo.
Certificado.
Medidas: 76 x 61 cm.
Hermano de los también pintores Ramón y Francisco, Manuel recibió sus primeras enseñanzas pictóricas en los talleres de Juan Andrés Merklein y José Luzán Martínez, al igual que sus hermanos. Decidido a dedicar su vida a la religión, ingresa en 1757 en la cartuja de Aula Dei, pasando luego a la de Las Fuentes donde, llevado por su indudable vocación pictórica, comenzó a pintar temas religiosos como complemento a su vida espiritual. Nunca abandonó su primera formación barroca manteniéndose, dentro de los estricto de su regla, al margen de las nuevas corrientes pictóricas, rococó y neoclásica. Pintó para su cartuja de Las Fuentes diecisiete lienzos sobre la vida de San Bruno (hoy en el Colegio de Santiago de Huesca); decoró al fresco el presbiterio de la catedral de Jaca; pintó una serie de retratos de abadesas en los muros del salón del trono del monasterio de Sigena desaparecidos en 1936; decoró con siete lienzos la sacristía de la iglesia de San Gil en Zaragoza; y hacia 1800 realizó dos grandes cuadros, “San Hugo rechazando la tiara pontificia” y “Santa Rosa de Lima”, para la iglesia de San Fernando de Zaragoza, tal vez sus obras más logradas. A mediados de 1806, a requerimiento de la Orden, pasará a la cartuja mallorquina de Valldemosa para decorar con frescos su iglesia (1806-07). Allí establecerá amistad y correspondencia con Jovellanos, por entonces preso en el castillo de Bellver, que se convertirá en crítico directo y amigable de su obra. Reintegrado a fines de 1807 a su cartuja de Las Fuentes, fallecerá en ella en 1809. Está actualmente representado en los Museos de Bellas Artes de Huesca y Gijón, y en el Diocesano de Jaca.
Siguiendo el modelo iconográfico definido en el barroco y mantenido desde entonces como norma, Bayeu representa a la Virgen en medio de una composición dinámica y teatral, dominada por un tratamiento muy efectista de la luz, basado en el contraste entre zonas vivamente iluminadas y otras sumidas en densas sombras. María viste túnica blanca y manto azul, símbolos de pureza y verdad y eternidad, respectivamente. Aunque prescinde de la corona de doce estrellas, el pintor rodea la cabeza de la Virgen con un halo que supera en brillo incluso a la luz dorada que surge del Cielo. La figura se alza sobre un gran orbe, representación del universo y símbolo de la universalidad del cristianismo, apoya sobre una media luna y pisa a la serpiente, en un símbolo alusivo a su victoria sobre el pecado original. Siguiendo el sentido triunfal del barroco, principal ejemplo a seguir para los pintores religiosos del siglo XIX, María aparece acompañada por una corte de angelitos que vuelan a su alrededor, se asoman entre las nubes y se esconden entre sus ropas, uno de ellos portando la rama de azucenas que alude a la pureza de la Madre de Dios.
30127639
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