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SUBASTAS DE “Retrato de la reina Isabel de Farnesio” Miguel Jacinto Meléndez

21/02/2018
20:04:09 CET




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DESCRIPCION

Miguel Jacinto Meléndez (Oviedo, 1679-Madrid, 1734).
“Retrato de la reina Isabel de Farnesio”.
Óleo sobre lienzo.
Medidas: 83’5 x 61’5 cm.; 96 x 74 cm. (marco).
Miguel Jacinto Meléndez daría inicio a toda una familia de artistas, a la que pertenecerían su hermano y sobrino, Luis Meléndez, uno de los pintores de bodegones más importantes del siglo XVIII. Nacido en el siglo XVII, el Siglo de Oro español, se trasladaría, a finales de la centuria, a Madrid, donde estudiaría en el taller de José García Hidalgo, quien había sido discípulo de Carreño de Miranda. Miguel Jacinto pudo consolidar su papel como retratista de la corte muy pronto, gracias al fallecimiento de los últimos pintores barrocos de la corte de los Austrias: Carreño de Miranda, Francisco Rizzi y Francisco de Herrera. A consolidar esta posición ayudaría también el regreso a Italia de Luca Giordano. En 1712 completaría los retratos de Felipe V, María Luisa Gabriela de Saboya y el heredero del trono, Luís, y esto le haría ganar el título de pintor del rey honorario. Esta última condición, la de honorario, conllevaba la ausencia de un sueldo fijo, aunque esto cambiaría en 1727, probablemente gracias a la finalización de la destacada serie de retratos de la familia de Felipe V para la Real Librería. Pese a la ausencia de sueldo fijo hasta esa fecha, el pintor supo ganarse el favor de los poderosos y obtendría muy pronto una desahogada posición económica y social. El último retrato firmado por el pintor sería el de la segunda esposa del monarca, Isabel de Farnesio, en 1727 y parece que, tras esa fecha, no volvió a retratar a la familia real. Además de a la retratística el pintor se dedicaría también a la pintura religiosa, recibiendo encargos de diversas iglesias y conventos. Destaca el encargo, en 1734, de dos monumentales lienzos destinados al crucero de San Felipe el Real, San Agustín conjurando una plaga de langosta y El entierro del señor de Orgaz, probablemente finalizados por su taller tras su muerte.
Los retratos de Meléndez muestran una discreta elegancia, con un gran interés por la representación de ropas y joyas que añaden suntuosidad y sofisticación a la imagen. Sus modelos presentan un aura melancólica, pensativa, como es posible constatar en este retrato de la reina Isabel de Farnesio. Imágenes como éstas de los monarcas, fueron frecuentes en la época y se destinaron a ser enviadas a instituciones civiles y militares, dentro y fuera de la metrópoli, a fin de transmitir las facciones de los soberanos por todo el conjunto de territorios que configuraban el vastísimo imperio español; también se remitieron a parientes o personalidades vinculadas a la monarquía, e incluso a las distintas cortes europeas.Isabel de Farnesio nació en Parma el 25 de octubre de 1692. Según las descripciones de la época, no era «excesivamente guapa, aunque de porte distinguido; tenía el rostro marcado por las viruelas, expresivos ojos azules, nariz prominente...»; resultaba «agradable y, por encima de todo, dejaba traslucir una energía e inteligencia fuera de lo corriente». Hija del duque Eduardo y de Dorotea Sofía de Neoburgo y última descendiente de la dinastía fundada por el papa Pablo III, se convirtió, en 1714, en la segunda mujer de Felipe V y en reina de España.. Isabel de Farnesio ¬murió el 11 de julio de 1766. En este retrato la soberana se representa de tres cuartos, enmarcada en una forma oval y recortada contra un fondo neutro oscuro, que hace resaltar la blancura de su piel y los tonos fríos que predominan en el lujoso vestido que lleva, bordado con hilos de oro y rematado con delicados encajes. Pese a la necesidad y voluntad de realismo, el pintor suaviza los contundentes rasgos de su modelo, insinuando en su rostro una suave sonrisa, y la dota de elegancia gracias a la postura, a las ropas y a los complementos como el abanico que sostiene con su mano enguantada.

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