Aríbalo piriforme etrusco-corintio. Etruria, siglo VI a. C.
Cerámica pintada en técnica de figuras negras, con detalles incisos y pigmento añadido.
Procedencia: colección particular, Francia.
En buen estado general de conservación.
Medidas: 21 cm de altura.
La cerámica etrusco-corintia constituye una de las producciones más representativas del periodo orientalizante en Etruria. Desarrollada a partir de modelos importados de Corinto, adapta sus formas, técnicas y repertorios ornamentales al gusto de los talleres de la península itálica. Las imitaciones y reinterpretaciones etruscas de estos vasos alcanzaron una notable difusión entre finales del siglo VII y el siglo VI a. C.
El aríbalo era un recipiente destinado habitualmente a contener aceites perfumados. Su boca ancha y plana facilitaba la aplicación, mientras que el cuello estrecho permitía controlar la salida de un producto considerado valioso; el asa servía para manejarlo o suspenderlo.
Este ejemplar presenta un cuerpo piriforme decorado con una gran ave de perfil, cuyas alas se articulan mediante finas líneas incisas. Rosetas, puntos y otros motivos secundarios ocupan los espacios libres, siguiendo el característico principio ornamental corintio de cubrir densamente la superficie. La silueta oscura, los detalles grabados y los restos de tonalidad rojiza muestran la adaptación etrusca de la técnica de figuras negras. El repertorio animalístico y los motivos de relleno revelan la intensa circulación de modelos entre Grecia y Etruria durante la época arcaica.
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