Espejo de pared brutalista artesanal. España, ca. 1950.
Metal, posiblemente plomo, martillado y texturizado.
Cuenta con un sistema de suspensión original compuesto por herrajes metálicos y una correa de cuero marrón.
Pieza única artesanal.
Medidas: 75 (altura total) x 50 cm (diámetro).
Este espejo puede considerarse brutalista por el protagonismo absoluto de su estructura escultórica y por la manera en que celebra la materialidad del metal. El grueso marco presenta una superficie intensamente texturada, con relieves, incisiones y marcas que parecen realizadas de forma manual, evocando una estética casi arqueológica o primitiva, muy característica del brutalismo decorativo de los 50. A diferencia de los espejos de líneas limpias y acabados pulidos, aquí la ornamentación nace de la propia materia, con un acabado plateado de aspecto martillado que enfatiza la fuerza, la irregularidad y el carácter táctil del objeto. Resulta especialmente interesante porque trasciende su función utilitaria para convertirse en una pieza escultórica: el contraste entre la geometría circular del espejo, la riqueza del relieve del marco y el singular elemento superior, unido mediante piezas de madera, aporta una composición muy arquitectónica y de gran personalidad, capaz de actuar como punto focal en un interior.
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