Escuela románica; España, siglo XIII.
“Virgen con el Niño”.
Madera tallada y policromada.
Presenta faltas en la talla y la policromía.
Posee daños provocados por xilófagos.
Medidas: 104 x 40 x 24 cm.
Los restos de policromía todavía visibles en el atuendo de la virgen nos hablan de un cuidado decorativismo que también se puede apreciar en el modelado de las formas especialmente en el rostro de la Virgen definido por líneas suaves y curvas. Como es habitual las dimensiones de anatómicas tienden al alargamiento, reflejando así el interés del artista por una representación simbólica. iconográficamente se trata de una talla que sigue la tipología de la “Sede Sapientiae” o “Trono de Sabiduría”. María, sentada frontalmente respecto al espectador, ejerce como trono, como sede o sitial, de Cristo, encarnación suprema de la Sabiduría, además cabe citar que la Virgen aparece coronada mostrándose así como reina de los cielos. Entre ambas figuras no se establece ningún tipo de comunicación emocional, sino que se incentiva el aspecto mayestático, regio, de ambas figuras. María, por su parte, aparece revestida con una larga túnica y un manto que caen en pliegues simétricos hasta el suelo. Un velo cubre sus cabellos, enmarcando el rostro sereno y armónico. Sostendría originalmente en su mano derecha una esfera, aunque en este caso debe aludir a la manzana del Pecado Original. En la exégesis cristiana, si Eva fue la introductora del Pecado, María es su contrafigura, por quien llega la salvación al género humano, gracias a su hijo, Jesús.
La escultura románica persigue fines principalmente didácticos, y sus imágenes se conciben como una narración visual, que siempre debe ser claramente legible. En este momento, previo a la búsqueda del naturalismo que surgirá durante el periodo gótico, el lenguaje es puramente conceptual, y funciona a base de símbolos y convenciones aceptados por todos. En este sentido, la anatomía es sintética, representativa más que reflejo del natural, lo mismo que el tratamiento del rostro.
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