JOAN REBULL (Reus, 1899 – Barcelona, 1981).
“Figura”, c. 1951.
Piedra de Ulldecona.
Firmada.
Medidas: 140 x 37 x 37 cm.
Exposiciones: MEAM "Un segle de escultura catalana", 2013. Reproducido en el catálogo, pag. 253.
Esta escultura constituye un ejemplo especialmente representativo del periodo de madurez de Joan Rebull, etapa muy apreciada en el mercado por la plena definición de su lenguaje clasicista moderno y por la depuración formal alcanzada en su obra de posguerra. La pieza muestra el característico equilibrio entre síntesis formal y sensibilidad volumétrica que distingue las mejores tallas del escultor. El tratamiento compacto de la superficie, de acabado terso y uniforme, evita el exceso descriptivo y concentra la expresividad en la pose contenida, los volúmenes rotundos y la serenidad del rostro. Este dominio técnico se aprecia en la relación entre masa y proporción, en la resolución de los pliegues mínimos del paño y en la transición suavizada de planos, rasgos asociados a sus obras de mayor calidad. Dentro de la trayectoria de Rebull, esta figura se inscribe en su búsqueda de un clasicismo mediterráneo renovado, donde la presencia humana se presenta con quietud monumental y una espiritualidad contenida, alejada del dramatismo pero cargada de intensidad plástica. Es una obra plenamente coherente con la escultura catalana de mediados del siglo XX, que supo conjugar la tradición académica con una depuración moderna del lenguaje formal, lo que explica su sólida valoración histórica y de mercado.
Considerado como el escultor catalán más destacado de su tiempo, Joan Rebull se inició en el mundo de la escultura en su ciudad natal, de la mano del escultor Pau Figueres. En 1915 se traslada a Barcelona para iniciar su formación artística en la Escuela de Bellas Artes de La Lonja, a la vez que trabajaba en el taller del marmolista Bechini. En 1916 debuta individualmente con una muestra en el Centro de Lectura de Reus, y al año siguiente funda, junto con otros artistas, el grupo conocido como “Els Evolucionistes”, que pretendía dar réplica al Noucentisme catalán. Pensionado por el Círculo Artístico, en 1921 viaja a Londres y París, ciudades en las que quedó especialmente impactado por el arte antiguo albergado en sus museos. Entre 1926 y 1929 reside en la capital francesa y participa en el Salón de los Independientes, aunque también envía obras a exposiciones barcelonesas. En París fue el primer artista contratado por el destacado marchante catalán Joan Merli. A su regreso es nombrado presidente del nuevo Salón de Montjuic (1932) y académico de Sant Jordi (1934), participa en diversas exposiciones en Madrid y Barcelona y, en 1938, obtiene el Premio Campeny del Salón de Otoño de la ciudad condal. Tras la guerra, se exilia en París, donde participa activamente en la vida artística, concurriendo a la exposición “Le Jeune Sculpture Française” y a los Salones de Otoño. Regresa a Barcelona en 1948, y tres años después obtiene un gran premio en la I Bienal Hispanoamericana de Arte de Madrid. En 1962 es nombrado profesor de la Escuela de Bellas Artes de Sant Jordi, y poco antes de morir le fue concedida la medalla de oro de la Generalitat de Cataluña. Hijo del perfeccionismo novecentista y gran dibujante, Rebull trabaja con un gran dominio técnico y seguridad en el camino a seguir. La suya es una escultura directa y antiretórica, basada en una visión serena y esencial de la realidad. Se puede definir su estilo como un reencuentro con la fuente del clasicismo, de la cual en cambio nunca copia las consecuencias. Está representado en el Museo Nacional de Arte de Cataluña, el Centro Nacional Reina Sofía, el Ayuntamiento de Barcelona, el Monasterio de Montserrat y el Palau de la Música Catalana, entre otros centros.
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