Escuela virreinal novohispana; segunda mitad del siglo XVIII.
"Virgen" y "San José"
Madera tallada y policromada.
Presenta faltas.
Medidas: 59 x 22 x 19 cm (x2).
Talladas en madera y ricamente policromadas, las figuras constituyen un refinado ejemplo de la imaginería devocional producida en los talleres de la Nueva España durante el periodo tardobarroco, cuando la tradición escultórica heredada de los modelos hispanos, particularmente andaluces y castellanos, alcanzó una notable madurez técnica y estética al integrarse con sensibilidades locales. Ambas imágenes presentan un cuidadoso trabajo de talla y una policromía de gran riqueza cromática y ornamental, caracterizada por el uso de dorados abundantes, estofados minuciosos y delicados motivos vegetales que recorren las vestiduras. Este tratamiento responde a una práctica ampliamente difundida en la escultura novohispana del siglo XVIII, donde la superficie pictórica se convierte en un elemento fundamental para intensificar el efecto visual y la dimensión simbólica de las imágenes sagradas.
Las figuras se disponen sobre peanas poligonales igualmente decoradas, lo que refuerza su concepción como grupo escultórico complementario destinado a una lectura conjunta dentro de un contexto devocional doméstico o en un pequeño retablo. San José aparece representado como varón maduro y barbado, portando la vara florida, símbolo tradicional de su elección divina como esposo de María y adoptando una actitud serena y didáctica, con el gesto de la mano abierto hacia el espectador. La Virgen, por su parte, se muestra en actitud recogida, con las manos unidas en oración, encarnando el ideal de pureza y contemplación propio de la iconografía mariana del periodo. Esta gestualidad sumada a dulzura de los rostros, de rasgos suavemente idealizados y expresión contenida, revela la búsqueda de una espiritualidad afectiva característica de la religiosidad barroca tardía.
Desde el punto de vista estilístico, las esculturas evidencian rasgos propios de la imaginería novohispana tardía, donde la tradición barroca se mantuvo viva- Destaca la calidad del estofado, con motivos dorados sobre fondos verdes, azules y rojizos que sugieren ricos tejidos brocados, así como el cuidado modelado de los pliegues, que caen con ritmo pausado. Estos rasgos evidencian la pericia del taller que las produjo, capaz de combinar la destreza escultórica con un sofisticado tratamiento pictórico.
La calidad técnica y la coherencia iconográfica sugieren la producción de un taller especializado en escultura devocional, probablemente activo en alguno de los principales centros artísticos del virreinato, como Puebla o Ciudad de México, donde floreció una intensa actividad artesanal vinculada tanto a instituciones religiosas como a encargos privados.
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