CHARLES HENRI MOLINS (1893-1958).
"El esquiador de St. Moritz", c. 1930.
Bronce patinado; marfil; mármol blanco; mármol Portoro.
Firmado.
Medidas: 53 x 40 x 27 cm.
Obra interesante dentro de la producción de Charles Henri Molins, esta escultura condensa y ejemplifica la fascinación moderna por el deporte, que durante la época Art Decó dejó de entenderse únicamente como un entretenimiento aristocrático para convertirse en símbolo de los valores esenciales de la modernidad: energía, disciplina, dinamismo, salud, competitividad y belleza física. Francia fue uno de los grandes epicentros de este fenómeno, y el arte incorporó de inmediato esa nueva exaltación del cuerpo y el movimiento.
Escultura ejecutada en bronce patinado sobre base de mármol blanco y mármol Portoro. La obra representa a un esquiador en pleno descenso, con el cuerpo inclinado hacia la pendiente, los bastones en posición y las rodillas flexionadas en postura característica del esquí de competición. La patina del bronce establece un deliberado contraste con la base, concebida en diagonal para evocar la inclinación de la ladera nevada.
Molins inscribe su obra en esa corriente de escultura deportiva que el Art Déco cultivó con especial intensidad durante el período de entreguerras, cuando el cuerpo atlético en movimiento se convirtió en uno de los temas centrales.
El título remite a Saint Moritz, enclave que constituye el epicentro histórico del turismo de invierno alpino. Fue allí donde en septiembre de 1864 el hotelero Caspar Badrutt formuló su célebre apuesta con cuatro huéspedes británicos, estableciendo las bases de lo que habría de convertirse en una nueva forma de ocio aristocrático que transformaría para siempre la relación de las élites europeas con el paisaje de montaña. El enclave registró hitos sucesivos que consolidaron su posición pionera: la primera instalación de luz eléctrica en Suiza en 1878, el primer torneo continental de curling en 1880, los primeros campeonatos europeos de patinaje sobre hielo en 1882, el primer torneo de golf alpino en 1889 y la fundación de la primera escuela de esquí suiza en 1929. Saint Moritz fue sede de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1928, hecho que certificó su condición de capital mundial del deporte de nieve y escenario predilecto de una sociedad internacional que encontraba en la montaña la síntesis perfecta entre el vigor físico y la distinción social.
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