Ángel. Portugal, siglo XVIII.
Madera tallada, dorada, estofada y policromada.
Conserva la policromía original.
Procedencia: retablo de una capilla privada.
Presenta ligeros desgastes y pequeñas pérdidas de policromía y dorado acordes a su edad.
Medidas: 64 × 27 × 21 cm.
Esta figura de ángel, concebida como parte integrante de un conjunto retabular barroco, presenta una actitud frontal y ceremonial que sugiere una función de acompañamiento o exaltación de la imagen principal del altar. De aspecto infantil y con las piernas flexionadas, adopta una postura volante o suspendida, adecuada para su integración en la arquitectura dinámica del retablo, posiblemente como figura tenante o de acompañamiento.
Su indumentaria, de marcada fantasía decorativa, combina un tocado de plumas, coraza estofada, faldellín de amplios perfiles ondulados y altas botas ornamentadas. La flor sostenida ante el pecho y la guirnalda vegetal que rodea la cintura acentúan su carácter ornamental. El trabajo de estofado, realizado mediante finos motivos lineales sobre el dorado, enriquece la superficie de los tejidos y establece un cuidado contraste con las carnaciones claras.
La figura participa del sentido escenográfico propio de la talla portuguesa del siglo XVIII, cuando escultura, arquitectura, dorado y policromía se concebían como partes de una misma unidad visual. Este tipo de ángeles podía incorporarse a los retablos como portador de atributos, luminarias u otros elementos litúrgicos, o como presencia secundaria destinada a reforzar la teatralidad y el efecto devocional del conjunto.
La vivacidad del rostro, el dinamismo de los perfiles del faldellín y la riqueza de su policromía permiten valorar la pieza no solo como elemento decorativo, sino como testimonio autónomo del refinamiento alcanzado por los talleres portugueses de escultura religiosa durante el siglo XVIII.
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