Escuela española o Novohispana; circa. 1790.
“Dama con flores”.
Óleo sobre lienzo. Reentelado.
Medidas: 55 x 43 cm; 70 x 55 cm (marco).
Retrato femenino en el cual el pintor recoge la figura de una joven niña con un gran sombrero, adornado con plumas y vestida con un elegante vestido de carácter historicista que forma expresivos pliegues trabajados con un claroscurismo de gran expresividad, que se aleja de los cánones clásicos y aporta volumen, movimiento y naturalismo a la figura. La joven muestra además un rostro ideal de rasgos simétricos e idealizados, de clara raíz clásica, y una expresión de serena belleza que enlaza con la Antigüedad clásica. El autor nos ofrece así una imagen de expresividad contenida, delicada y elegante. La figura aparece inserta un paisaje de tonalidades brillantes que armonizan con su vestido, creando una escena de estética clara y radiante.
Como en el resto de Europa, el retrato se convirtió en el siglo XIX en el género protagonista por excelencia de la pintura española, como consecuencia de las nuevas estructuras sociales que se implantaron en el mundo occidental a lo largo de esta centuria, encarnando la expresión máxima de la transformación del gusto y la mentalidad de la nueva clientela, surgida entre la nobleza y la alta burguesía adinerada, que tomaría las riendas de la historia en este periodo. Mientras los círculos oficiales dieron preponderancia a otros géneros artísticos, como la pintura de historia, y el incipiente coleccionismo alentó la profusión de los cuadros de costumbres, el retrato acaparó la demanda de pintura destinada al ámbito más privado, como reflejo del valor de lo individual en la nueva sociedad. Este género encarna la presencia permanente de la imagen de sus protagonistas, para su disfrute reservado en la intimidad de un estudio, al calor cotidiano
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