Escuela mallorquina o valenciana; segunda mitad del siglo XVII.
“El buen samaritano”.
Óleo sobre lienzo. Reentelado.
Medidas: 100 x 117 cm; 104 x 121 cm (marco).
Esta pintura constituye una elocuente representación de la parábola evangélica narrada por san Lucas (X, 30-33), en la que se recuerda el mandamiento fundamental del amor al prójimo. La escena se centra en el gesto compasivo del samaritano, que aparece arrodillado mientras venda con cuidado el cuerpo herido y desnudo del hombre auxiliado, convirtiendo la acción en el eje moral y visual de la composición.
La obra responde plenamente al lenguaje barroco de la escuela española, caracterizado por el naturalismo, la intensidad expresiva y la clara vocación narrativa. Las figuras, de carácter monumental, se recortan con fuerza sobre un paisaje sobrio, construido a partir de una paleta dominada por ocres y sienas, que refuerza la sensación de gravedad y recogimiento. El cuerpo del herido, dispuesto en un marcado escorzo, está modelado mediante contrastes de luz que acentúan la anatomía y subrayan su vulnerabilidad, mientras que la iluminación dirige la atención hacia el acto de misericordia que da sentido a la escena.
El fondo paisajístico, abierto pero contenido, sitúa el episodio en un espacio reconocible y cercano, alejándolo de cualquier idealización excesiva. La presencia del asno, que asoma discretamente desde el lateral derecho, introduce un elemento narrativo que remite al viaje y a la condición humilde del samaritano, reforzando la lectura moral del pasaje. En conjunto, la pintura combina sobriedad compositiva, fuerza expresiva y claridad iconográfica, rasgos distintivos de la producción barroca en los ámbitos mallorquín y valenciano, donde la imagen sacra se concibe como un instrumento de meditación y enseñanza, capaz de conmover al espectador a través de la emoción contenida y el realismo directo.
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