Escuela mallorquina o italiana; posiblemente PEDRO ONOFRE COTTO, c. 1700.
“San Juan Bautista”.
Óleo sobre vidrio.
Medidas. 54 x 73 cm; 76 x 95 cm (marco).
La pintura representa a San Juan Bautista en su iconografía infantil, una variante devocional ampliamente difundida en el Barroco, que subraya el carácter premonitorio y salvífico del santo desde la infancia. El Niño aparece desnudo, apenas cubierto por un manto rojo, color asociado al martirio y a la Pasión de Cristo, y sostiene el cordero, símbolo explícito del Agnus Dei. El gesto de la mano alzada refuerza su papel de anunciador, señalando la venida del Mesías, mientras la caña en forma de cruz alude anticipadamente a su destino sacrificial.
Desde el punto de vista compositivo, la figura se integra en un amplio paisaje natural, de marcado carácter narrativo y simbólico. El entorno agreste, con árboles, cursos de agua y colinas, remite al desierto como espacio de retiro espiritual y prefiguración del ministerio del Bautista. El tratamiento del paisaje, con una atmósfera envolvente y una perspectiva profunda, revela la asimilación de modelos italianos barrocos, en los que la naturaleza adquiere un papel activo como escenario teológico y emocional.
La atribución a Pedro Onofre Cotto resulta verosímil por afinidades estilísticas y técnicas, así como por la difusión en Mallorca de lenguajes figurativos italianizantes durante este periodo.
Pedro Onofre Cotto Ferrer, formado en el ambiente familiar y heredero de la tradición de arquitecturas fingidas cultivada por su padre, alcanzó notoriedad como especialista en paisajes barrocos con ruinas imaginarias, poblados por figuras diminutas y escasas. Sus composiciones destacan por la complejidad espacial, las diagonales audaces y la elegancia escenográfica, con claras influencias de Claudio de Lorena y de la pintura valenciana, visibles en la armonía entre arquitectura, naturaleza y relato.
Tras ejercer como pintor de la Universidad de Mallorca, Cotto se trasladó a Madrid a finales del siglo XVII, consolidando una reputación que pronto trascendió las islas. Obras firmadas y fechadas en torno a 1694–1695, tanto de temática religiosa como mitológica, permiten fijar con claridad su estilo, hoy reconocido en colecciones históricas y privadas. Asimismo, destacó en la pintura sobre cristal, una técnica especialmente valorada en su tiempo, de la que se conservan referencias documentales y varias composiciones religiosas de carácter arquitectónico.
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