Círculo de LUCA GIORDANO (Nápoles, 1634 - 1705): Nápoles, c. 1700.
“David mostrando a Salomón los planos del Templo”.
Óleo sobre lienzo. Reentelado.
Medidas: 58 x 82 cm; 70 x 94 cm (marco).
La presente obra sigue el modelo compositivo y conceptual difundido por Luca Giordano, uno de los máximos exponentes del barroco napolitano tardío, cuya pintura se caracteriza por la elocuencia narrativa, la riqueza cromática y una extraordinaria fluidez compositiva. El episodio representado ,la entrega por parte del rey David a su hijo Salomón de los planos del Templo de Jerusalén, procede del relato veterotestamentario (1 Crónicas 28) y encierra una profunda carga simbólica tanto religiosa como política.
La escena plasma el instante en que David, ya anciano y revestido con atributos regios, transmite a Salomón no solo un proyecto arquitectónico, sino la materialización de un designio divino. Según la tradición bíblica, David no pudo erigir el Templo por haber sido hombre de guerra; la construcción del santuario quedaba reservada a su hijo, elegido por Dios para inaugurar un reinado de paz. La pintura recoge así un momento de sucesión legitimada por mandato celestial, donde la transferencia de los planos equivale a la transmisión de la sabiduría, del poder y de la alianza sagrada entre Dios y la dinastía davídica.
Desde el punto de vista formal, la composición se organiza en torno a un eje dinámico que articula el gesto elocuente de David ,señalando o desplegando los planos y la actitud receptiva de Salomón, cuya juventud contrasta con la vejez del monarca. Este diálogo gestual concentra la tensión dramática y dota a la escena de una teatralidad típicamente barroca. La iluminación, de tonalidad dorada, modela las figuras mediante contrastes vibrantes y crea una atmósfera solemne, subrayando el carácter providencial del acontecimiento. Los ropajes, tratados con amplios pliegues y ricos matices cromáticos, refuerzan la dimensión ceremonial del acto.
En la tradición barroca, este tema adquirió resonancias contemporáneas, pues podía interpretarse como alegoría de la transmisión del poder y de la continuidad del orden político bajo tutela divina. En consonancia con el lenguaje de Giordano, la escena conjuga erudición bíblica, exaltación monárquica y espectacularidad escénica, ofreciendo una síntesis visual donde historia sagrada y retórica del poder convergen en una imagen de intensa fuerza simbólica.
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