Escuela española; siglo XVII.
“San Francisco de Paula”.
Óleo sobre lienzo. Reentelado.
Posee marco del siglo XIX.
Medidas: 107 x 73 cm; 149 x 114 cm (marco).
Se trata de una obra de marcado carácter devocional que representa a San Francisco de Paula (Calabria, Italia, 1416 – Tours, Francia, 1507), una de las figuras más veneradas de la espiritualidad tardo-medieval y moderna. Eremita y fundador de la Orden de los Mínimos, San Francisco encarnó un ideal de vida basado en la extrema pobreza, la penitencia y la humildad, valores que conectaron profundamente con la sensibilidad religiosa del Barroco.
Durante el Barroco, San Francisco de Paula se convirtió en un santo popular precisamente por la fuerza ejemplar de su vida y por la claridad de su mensaje. En una época marcada por crisis, inseguridad y un renovado fervor religioso impulsado por la Contrarreforma, su figura ofrecía un modelo de santidad accesible y cercano, basado no en el poder o el martirio heroico, sino en la pobreza voluntaria y la fe vivida en lo cotidiano. Según la tradición hagiográfica, el santo enfermó gravemente de los ojos durante su infancia, motivo por el cual sus padres se encomendaron a San Francisco de Asís. Tras la curación milagrosa, y como gesto de gratitud, el joven Francisco emprendió a los catorce años una peregrinación a Asís, experiencia que marcaría de forma decisiva su vocación espiritual. A partir de entonces adoptó una vida eremítica, retirándose durante cinco años a la montaña, donde vivió en condiciones de absoluta austeridad: se alimentaba únicamente de agua y hierbas silvestres, dormía sobre el suelo desnudo y utilizaba una piedra como almohada. Este modelo de renuncia radical al mundo se convirtió en el eje de su mensaje espiritual.
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