Escuela Virreinal; Cuzco,
“El Niño de la espina”.
Óleo sobre lienzo.
Presenta faltas y restauraciones.
Medidas: 47 x 33 cm; 54,5 x 41 cm (marco).
El arte cristiano se deleitó a lo largo de su historia, y especialmente en la Edad Moderna, proyectando sobre la infancia inocente de Jesús la sombra de la cruz. El contraste entre la feliz despreocupación de un niño y el horror del sacrificio al cual estaba predestinado fue concebido para conmover los corazones. Esta idea era ya familiar a los teólogos de la Edad Media, pero los artistas de entonces la expresaban discretamente, ya mediante la expresión preocupada de la Virgen, ya a través del racimo de uvas que el Niño estruja en sus manos. Será sobre todo en el arte de la Contrarreforma donde ese presentimiento fúnebre de la Pasión se exprese por medio de alusiones transparentes. Zurbarán muestra al Niño Jesús pinchándose con el dedo al trenzar una corona de espinas y es ese el modelo que adopta esta pintura.
La Escuela Cuzqueña, surgida en los siglos XVII y XVIII y prolongada con vitalidad en el XIX, desarrolló un lenguaje propio a partir del encuentro entre modelos europeos y la creatividad de sus talleres. Entre sus rasgos distintivos se encuentran la frontalidad hierática, la reducción del espacio perspectivo, la intensidad cromática y la incorporación de elementos decorativos inspirados en la flora local. En esta pintura, las grandes flores que recorren el vestido y los motivos vegetales que enmarcan la parte inferior refuerzan esa integración entre lo sagrado y la exuberancia natural americana.
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