JOSÉ DE RIBERA (Xátiva, Valencia, 1591 - Nápoles, 1652) Y TALLER
“San Pablo”, c. 1640 -1650.
Óleo sobre lienzo. Reentelado.
Adjunta informe expedido por Doña Viviana Farina, catedrática de Historia del Arte en la Academia de Bellas Artes de Nápoles.
Firmado en la zona inferior.
Medidas: 122 x 97 cm.
La figura representada, identificable como San Pablo por la presencia de la espada, su atributo más característico, se inscribe en una de las tipologías más reconocibles de la producción de José de Ribera. La composición guarda una estrecha relación con modelos utilizados por el propio artista en su célebre serie de filósofos y apóstoles realizada en Nápoles hacia 1630–1632. En particular, resulta casi idéntica a su representación de Pitágoras conservada en el Museo de Bellas Artes de Valencia, lo que pone de manifiesto la práctica habitual de Ribera de reutilizar esquemas compositivos, adaptándolos mediante atributos para transformar filósofos en apóstoles o viceversa. Esta ambigüedad visual no es casual: responde a una concepción humanista en la que la sabiduría clásica y la verdad cristiana convergen en una misma imagen.
Estas figuras, concebidas probablemente para importantes coleccionistas como Fernando Afán de Ribera y Enríquez o el príncipe Carlos Eusebio de Liechtenstein, se caracterizan por su formato uniforme y su enfoque individualizado. Los personajes aparecen aislados, concentrados en su mundo interior, con escasos elementos narrativos. En el caso de San Pablo, la espada basta para definir su identidad, mientras que la actitud reflexiva lo aproxima al universo de los filósofos.
Desde el punto de vista estilístico, la obra muestra plenamente las cualidades distintivas de Ribera en su madurez: una iluminación dramática que emerge de un fondo oscuro, modelando el volumen con fuertes contrastes; una pincelada densa que otorga corporeidad a las formas; y una paleta sobria que enfatiza la materialidad de la figura. Todo ello contribuye a crear una imagen de gran intensidad psicológica, en la que el espectador se enfrenta no solo a un santo, sino a una presencia profundamente humana.
José de Ribera, llamado el Españoleto, fue un maestro clave del barroco español, y en general de la historia del arte a nivel europeo. Aunque no se conservan fuentes documentales ni evidencias de su juventud, se cree que se formó con Francisco Ribalta en Valencia, tras lo cual marchó a Italia pasando primero por el norte y más tarde por Roma, donde conoció de primera mano a los clasicistas y el tenebrismo de los holandeses allí afincados. Finalmente se instaló en Nápoles, donde llegó en 1616. Se inicia entonces su etapa de madurez y esplendor; Ribera gozó de fama y de un amplio taller, y sus obras se difundieron por toda Europa a través de grabados. Trabajó para virreyes y altos cargos de origen español asentados en Nápoles, por lo que muchas de sus obras llegaron pronto a España. Fue famoso de hecho en su país natal, y de hecho el propio Velázquez lo visitaría en 1630. Actualmente se conservan obras de Ribera en el Mseo del Prado, el del Louvre, el de Capodimonte, el de Bellas Artes de Budapest, el Hermitage de San Petersburgo, el Kunsthistorisches y el Liechtenstein de Viena, el J. Paul Getty de Los Ángeles, el Art Institute de Chicago, el Metropolitan de Nueva York, la National Gallery y la Royal Collection de Londres, la Galería Borghese de Roma y otras destacadas pinacotecas de Europa, América y Asia.
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