JUAN DE SEVILLA ROMERO Y ESCALANTE (Granada, 1643 – 1695).
“El milagro de San Nicolás de Bari”.
Óleo sobre lienzo. Reentelado.
Presenta marco antiguo y restauraciones en la superficie pictórica.
Medidas: 110 x 85 cm; 134 x 109 cm (marco).
El presente lienzo representa El milagro de San Nicolás de Bari, uno de los episodios más difundidos de la hagiografía del santo, en el que se exalta su poder taumatúrgico mediante la resurrección de los tres niños. La composición se organiza en un marcado eje ascensional que contrapone el ámbito terrenal, donde aparecen los infantes en el recipiente, con la visión gloriosa del santo rodeado de querubines y celajes, recurso que enfatiza la intervención sobrenatural y refuerza el carácter devocional de la escena. La disposición diagonal de las figuras, el dinamismo de los paños, la atmósfera vaporosa y el empleo de una luz cálida que unifica la composición son rasgos característicos del lenguaje pictórico de Juan de Sevilla Romero, quien desarrolla un barroco de acusado sentido narrativo y gran intensidad expresiva. Su pintura, concebida para conmover al fiel y facilitar la comprensión del relato sagrado, combina un naturalismo contenido con una composición teatral cuidadosamente equilibrada, propia de la escuela granadina de la segunda mitad del siglo XVII. Formado junto a Francisco Alonso Argüello y Pedro de Moya, Juan de Sevilla supo asimilar las corrientes renovadoras del barroco andaluz sin renunciar a una personalidad artística definida, caracterizada por la delicadeza de las figuras, la riqueza cromática y una espiritualidad serena que convierten esta obra en un excelente ejemplo de su producción madura.
Juan de Sevilla Romero y Escalante se formó inicialmente en el taller de Francisco Alonso Argüello y más tarde en el de Pedro de Moya, asimilando desde temprano la transición del último naturalismo manierista hacia las nuevas formulaciones del barroco andaluz. Su trayectoria se consolidó en 1661, cuando comenzó a colaborar con Miguel Jerónimo de Cieza en las decoraciones del Corpus Christi, momento a partir del cual obtuvo reconocimiento dentro del ambiente artístico granadino. Su obra se inscribe plenamente en el esplendor de la escuela barroca andaluza del siglo XVII, caracterizada por el triunfo del naturalismo, la intensificación del efecto teatral y el uso de una pincelada más libre y expresiva.
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