Escuela Italo flamenca; primera mitad del siglo XVII.
“San Francisco”.
Óleo sobre tabla. Engatillada.
Presenta repintes.
Conserva marco de época.
Medidas: 75 x 106 cm; 99 x 129 cm (marco).
La monumentalidad del paisaje y la delicadeza narrativa de la escena convierten esta pintura en una fecunda síntesis entre la tradición flamenca y la sensibilidad italiana que caracterizó buena parte de la pintura europea durante la primera mitad del siglo XVII. En ella, la naturaleza deja de ser un mero escenario para adquirir un protagonismo absoluto.
La composición representa a San Francisco de Asís confortado por los ángeles, uno de los episodios más difundidos de la iconografía franciscana. Tras sus penitencias y retirado en la soledad del monte, el santo recibe el consuelo de los mensajeros celestiales, quienes atenúan el sufrimiento físico y espiritual derivado de su vida ascética- Estéticamente confluye la tradición paisajística desarrollada por los maestros flamencos establecidos en Italia, especialmente los denominados Bentvueghels, y el ideal clásico del paisaje romano surgido a finales del siglo XVI. La amplitud de la vista, construida mediante una sucesión de planos que se abren hacia un horizonte bañado por una luz dorada, recuerda las composiciones de Paul Bril, cuya influencia resultó decisiva en la evolución del paisaje europeo, mientras que la minuciosidad en la descripción de la vegetación, las formaciones rocosas y los efectos atmosféricos evidencia la persistencia del naturalismo flamenco. Especialmente notable resulta el contraste entre la inmensidad del entorno y la intimidad del grupo de figuras, concentrado en un extremo de la composición. Este recurso, característico de la pintura de paisaje de raíz nórdica, subraya la pequeñez del hombre frente a la creación divina.
La riqueza cromática, dominada por una refinada gama de verdes, tierras y azules, la cuidada gradación lumínica y la calidad de la ejecución sitúan la obra dentro de una producción de elevado nivel, representativa de un lenguaje artístico que gozó de una extraordinaria aceptación entre los grandes coleccionistas europeos del siglo XVII.
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