JUAN BARJOLA (Torre de Miguel Sesmero, Badajoz, 1919 – Madrid, 2004).
“Tauromaquia”.
Óleo sobre lienzo.
Firmado en el ángulo inferior derecho.
Medidas: 65 x 81 cm; 87 x 103 cm (marco).
La tauromaquia ocupa un lugar fundamental en la trayectoria artística de Juan Barjola, constituyendo uno de los temas más recurrentes y personales de su producción. Sin embargo, su aproximación al mundo del toro se aleja de la tradición costumbrista o de la representación anecdótica de la fiesta. Para Barjola, la corrida se convierte en una poderosa metáfora de la condición humana, un escenario donde se enfrentan la vida y la muerte, la violencia y el sacrificio, el instinto y la razón.
Desde finales de la década de 1950 y, especialmente, durante los años sesenta y setenta, el artista desarrolló numerosas composiciones inspiradas en el universo taurino. En ellas aparecen toros, toreros, caballos y figuras humanas sometidos a intensas deformaciones expresivas. La arena deja de ser un espacio reconocible para transformarse en un ámbito dramático donde cuerpos y animales se funden en una atmósfera de tensión y conflicto. Esta visión conecta con las corrientes expresionistas europeas de posguerra y con la preocupación de Barjola por representar la violencia inherente a la experiencia humana.
La influencia de la tauromaquia en su obra debe entenderse también en relación con la tradición artística española. Al igual que Francisco de Goya y Pablo Picasso, Barjola encontró en el toro un símbolo de extraordinaria fuerza visual y cultural. No obstante, mientras Goya exploró la dimensión popular y dramática de la fiesta y Picasso la convirtió en un repertorio de formas y símbolos personales, Barjola acentuó su carácter trágico y existencial. Sus toros aparecen con frecuencia como criaturas poderosas y vulnerables a la vez, envueltas en una violencia que trasciende el acontecimiento taurino concreto.
Formalmente, las escenas taurinas le permitieron desarrollar algunas de las características más reconocibles de su lenguaje plástico: pinceladas enérgicas, colores intensos, fuertes contrastes cromáticos y una marcada deformación anatómica. La fragmentación de las figuras y la expresividad de los gestos generan imágenes de gran impacto emocional, donde el movimiento y la tensión dramática adquieren un protagonismo absoluto.
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