EDUARDO CHILLIDA JUANTEGUI (San Sebastián, 1924 – 2002).
Sin título.
Lápiz sobre papel.
Firmado en el ángulo inferior derecho.
Presenta ligerísimas manchas.
Medidas: 21 x 27 cm.; 34,5 x 41 cm.(marco).
Estamos ante una obra sumamente representativa de la faceta más íntima y exploratoria de Eduardo Chillida. Aunque el gran público lo reconoce principalmente por sus monumentales esculturas en hierro, el dibujo fue para él un lenguaje fundamental, casi una disciplina diaria de pensamiento.
La obra destaca por su minimalismo extremo. Chillida utiliza una línea de lápiz continua y fluida para definir el volumen. La figura humana se reduce a su esencia geométrica y orgánica. Aquí se aprecia la obsesión del artista por el límite: dónde termina la forma y dónde empieza el espacio que la rodea.
La economía de medios concentra la atención en la relación entre vacío y volumen, uno de los ejes fundamentales de su obra. Lejos de lo descriptivo, el dibujo funciona como un lugar de reflexión, donde la forma nace del gesto y el espacio se convierte en materia activa.
A lo largo de su vida, Chillida recibió numerosos premios y galardones, entre los que cabe destacar el Premio Carnegie, el Rembrandt, el de la Fundación Wolf de las Artes y el Príncipe de Asturias de las Artes. Fue además académico de San Fernando, y miembro de la Academia Americana de las Artes y las Ciencias, Honorario de la Royal Academy of Arts de Londres y de la Orden Imperial del Japón, y obtuvo la Gran Cruz al Mérito Humanitario de la Institución del mismo nombre de Barcelona. Además de su Museo Chillida-Leku de Hernani, está representado en museos y colecciones de todo el mundo, como el Guggenheim de Bilbao, el MOMA de Nueva York, el Reina Sofía de Madrid, la Tate Gallery de Londres o la Neue Nationalgalerie de Berlín.
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