RAFAEL ATCHÉ I FERRÉ (Barcelona, 1854 – 1923).
"Un Corpus de sangre".
Terracota.
Pieza única.
Firmada en la parte frontal derecha.
Medidas: 62 x 29 x 26 cm.
Dos monaguillos se pelean ante un párroco que trata de separarlos. En este grupo escultórico, Rafael Atché dejó constancia de un magistral dominio técnico y plástico, lo que se aprecia tanto en la captación instantánea de aquel momento anecdótico de contienda infantil como en la plasmación sumamente detallista de los hábitos con encajes, de los expresivos gestos y de los fruncidos semblantes.
Escultor catalán, autor de la famosa escultura que corona el Monumento a Cristóbal Colón de Barcelona, Rafael Atché realizó numerosas obras monumentales, aunque también cultivó la temática religiosa y la escultura funeraria. Desarrolló su formación en la Escuela de La Llotja de Barcelona, y seguidamente amplió sus estudios en el taller de los hermanos Agapit y Venanci Vallmitjana, de quienes heredó el estilo naturalista que marcó su obra. Finalizada su formación, hacia 1870 Atché abrió su propio taller junto a su compañero de estudios Josep Carcassó, dedicándose en un principio a realizada obras de temática religiosa. De esta etapa cabe destacar las imágenes “Sant Agustí” y “Sant Feliu”, ambas de 1872. Muchas de estas obras respondían a encargos de un marchante gallego establecido en Buenos Aires, quien policromaba las obras que Atché realizaba en Barcelona. Antes de que acabe la década el escultor contará ya con un importante reconocimiento, gracias a obras como el retrato de busto del rey Alfonso XII actualmente conservado en el Palacio Real de Pedralbes (1877). Atché trabajará incansablemente, realizando gran número de obras monumentales, tanto exentas como integradas en la arquitectura, como es el caso de las esculturas “Sant Francesc d’Assís” y “Sant Sebastià” que realizó para la fachada de la catedral de Barcelona en 1890. También realizó la decoración del reloj y los bustos del P. Canyelles y de Carbonell para la fachada de la Reial Acadèmica de Ciéncies de Barcelona, así como los grifos de la Cascada Monumental del Parc de la Ciutadella, si bien el más recordado de sus monumentos es la escultura de Colón inaugurada en 1888 coincidiendo con la celebración de la Exposición Universal. En la década de los ochenta comenzará a darse a conocer también a través de las Exposiciones Nacionales celebradas en Madrid y Barcelona, participando en las ediciones de 1882, 1883, 1884, 1891, 1894, 1897 (tercera medalla) y 1901 (consideración de segunda medalla). Aparte de su obra monumental, una de las facetas más interesantes de la producción de Atché es la de la escultura funeraria, con obras de gran lirismo y sentido poético donde se evidencia una cierta aproximación al modernismo que estaba comenzándose a desarrollar entonces. Esta evolución se verá especialmente en sus últimas obras, como el panteón de Jaume Pincernau i Pintó en el Cementerio de Montjuïc (1918-19). Aparte de esta producción de gran formato, destacan especialmente sus pequeños proyectos en barro, dado que son los que mejor muestran su talento. Son piezas de factura rápida y nerviosa, llenas de movimiento y fuerza, que servían de modelo previo para sus obras. Actualmente podemos encontrar obras monumentales de Atché en Barcelona y otros puntos de Cataluña, así como en el Museu Europeu d’Art Modern de Barcelona y el del Modernisme Català.
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