Escuela francesa del siglo XVI.
“Cristo crucificado”.
Escultura de plomo policromado.
Cruz de madera con faltas. Conserva restos de policromía.
Medidas: 52 x 25 x 8 cm (escultura); 77 x 34 x 3 cm (cruz).
Los Cristos crucificados realizados en plomo constituyen una tipología muy particular dentro de la escultura devocional, especialmente común entre los siglos XVI y XVIII. A diferencia de las grandes tallas de madera o los refinados bronces, el plomo ofrecía una maleabilidad y una economía que permitieron una producción muy específica. El que ahora licitamos se ve influenciada por el gótico tardío, próximo al Renacimiento. Mientras que en el Románico veíamos a un Cristo triunfante (impasible al dolor) y en el Gótico a un Cristo sufriente y anguloso, el Renacimiento introduce el humanismo y la perfección anatómica.
La representación de la crucifixión ha sufrido una evolución paralela a las variaciones litúrgicas y teológicas de la doctrina católica en la que queremos señalar tres hitos: en un principio el arte paleocristiano omitía la representación de la figura humana de Cristo y la crucifixión se representaba por medio del "Agnus Dei", el cordero místico portando la cruz del martirio. Hasta el siglo XI Cristo se representa crucificado pero vivo y triunfal, con los ojos abiertos, atendiendo al rito bizantino que no considera la posibilidad de la existencia del cadáver de Cristo. Más adelante, bajo la consideración teológica de que la muerte del Salvador no se debe a un proceso orgánico sino a un acto de voluntad divina, Cristo es representado, como en nuestra obra, ya muerto con los ojos cerrados y la cabeza caída sobre el hombro derecho, mostrando los sufrimientos de la pasión, provocando conmiseración, tal como lo refiere el salmo 22 cuando reza: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (...) me cerca una turba de malvados: han taladrado mis manos y mis pies (...) se han repartido mis vestidos y echan suertes sobre mi túnica”.
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