Maestro romanista español, posiblemente JUAN DE ANCHIETA; segundo tercio del siglo XVI.
“Cristo en la cruz”.
Madera tallada y policromada.
Medidas: 97 x 76 x 26 cm.
Escultura de Cristo crucificado representado con el cuerpo desnudo, vencido por la muerte, de intensa expresividad y acusado naturalismo anatómico. La postura, con el cuerpo inclinado y los brazos descendentes, sugiere que pudo formar parte de un conjunto escultórico, posiblemente un Cristo abrazando a San Francisco de Asís, hipótesis reforzada por la disposición dinámica de las extremidades.
En el plano estilístico, la escultura responde plenamente a los principios del romanismo hispánico de la segunda mitad del siglo XVI, un lenguaje que asimila las fórmulas del Renacimiento italiano tardío —especialmente miguelangelescas y las adapta a las exigencias devocionales de la Contrarreforma. El cuerpo de Cristo se concibe como un desnudo heroico, de anatomía poderosa y bien estructurada, donde músculos y tendones están definidos con precisión, pero sin caer en un exceso descriptivo: el modelado es firme, claro y armónico, al servicio de la expresión espiritual.
La composición en suave contrapposto, con el torso inclinado y la cabeza vencida, rompe la estricta frontalidad y genera un acusado sentido de movimiento y tridimensionalidad. Este dinamismo, reforzado por los brazos descendentes y abiertos, introduce una tensión dramática contenida que sugiere interacción con otro elemento escultórico, como ocurre en los grupos de Cristo abrazando a San Francisco de Asís. No se trata de un gesto teatral, sino de un movimiento pausado, casi suspendido, que intensifica el pathos
La obra muestra claras afinidades con los crucificados documentados de Juan de Anchieta, en especial con el realizado en 1584 para la iglesia de San Miguel de Aoiz (Navarra). El tratamiento del desnudo, la cuidada anatomía y la contención expresiva remiten al lenguaje romanista propio del escultor.
Juan de Anchieta fue un auténtico especialista en la iconografía del Crucificado, autor de alrededor de una docena de ejemplos, entre los que destacan el Cristo del Miserere de Santa María de Tafalla y, de manera excepcional, el Santo Cristo de la Catedral, considerado una de las imágenes religiosas más relevantes de la Contrarreforma hispánica. Estas obras evidencian su capacidad para resolver la compleja representación de un cuerpo a la vez humano y divino, alcanzando una profunda intensidad espiritual.
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