Escuela centroeuropea, ca. 1860.
Conjunto de catorce relieves del Vía Crucis, ca. 1860. realizado para la iglesia de hierro de Notre-Dame d’Argenteuil (Bélgica)
Relieves en mármol blanco de Carrara.
Cada pieza enmarcada en moldura de mármol bicolor.
Medidas:
40 × 35 cm (relieve); 46 × 41 cm (marco); 60 × 50 cm (base, formato vertical).
35 × 40 cm (relieve); 41 × 46 cm (marco); 50 × 60 cm (base, formato horizontal).
Importante conjunto escultórico compuesto por catorce relieves en mármol blanco de Carrara, correspondientes a un Vía Crucis completo, realizado hacia 1860 para la iglesia de hierro de Notre-Dame d’Argenteuil, en Bélgica. Este edificio, hoy desaparecido, constituyó uno de los ejemplos más tempranos y singulares de arquitectura religiosa metálica del siglo XIX y fue promovido por el conde Ferdinand-Philippe de Meeûs, una de las figuras más influyentes del mecenazgo artístico belga de su tiempo.
El conjunto destaca de manera excepcional por su planteamiento iconográfico, ya que las estaciones del Vía Crucis no se desarrollan mediante escenas narrativas convencionales, sino a través de representaciones del rostro de Cristo, mostrado en distintas actitudes, inclinaciones y estados expresivos. Cada estación se identifica mediante atributos simbólicos y una progresión psicológica y espiritual, en una solución de gran intensidad devocional y notable originalidad, alejada de los modelos figurativos tradicionales.
Desde el punto de vista formal, los relieves presentan un modelado refinado y sensible, con especial atención a la anatomía del rostro, el tratamiento del cabello y la barba, y una cuidada transición de planos que aporta profundidad y recogimiento espiritual. La calidad del mármol y la ejecución técnica evidencian un encargo de alto nivel, coherente con el ambicioso programa artístico desarrollado para la iglesia de Argenteuil, que albergó asimismo obras de destacados creadores contemporáneos.
Por sus características estilísticas, el conjunto se adscribe a la escultura religiosa centroeuropea de mediados del siglo XIX, dentro del contexto del neogótico, un lenguaje ampliamente difundido en Bélgica y los territorios circundantes en ese periodo. La unidad formal y expresiva de las catorce piezas revela el trabajo de un mismo taller o entorno artístico, especializado en encargos monumentales de carácter devocional.
Tras la demolición de la iglesia de hierro en 1941, el Vía Crucis fue trasladado a la nueva iglesia construida en el mismo emplazamiento, sustituyéndose en ese momento los marcos neogóticos originales de madera por las actuales molduras de mármol bicolor, manteniéndose intactos los relieves.
La familia de Meeûs desempeñó un papel central como gran mecenas del arte y la arquitectura religiosa en Bélgica durante el siglo XIX, impulsando numerosos proyectos de carácter monumental. Este Vía Crucis debe entenderse como parte de ese contexto de mecenazgo ilustrado y ambicioso, lo que confiere al conjunto un notable interés histórico, artístico y patrimonial, además de una extraordinaria coherencia como serie completa.
.jpg)