Mueble tocador con espejo. España, segunda mitad del siglo XIX.
Madera de nogal tallada, con marquetería frutal de Pinyonet.
Ostenta una miniatura pintada sobre cobre en el copete.
No tiene llave.
Medidas: 210 x 96 x 64 cm.
Este mueble tocador con espejo responde a una tipología muy apreciada en el periodo decimonónico, concebida como pieza de uso personal y de representación, donde se combinan funcionalidad, virtuosismo artesanal y una marcada vocación decorativa. La decoración de marquetería de pequeñas piezas geométricas, denominada de grano de arroz o pinyonet, aparece en Aragón a partir del siglo XIV con una clara vinculación estética al arte mudéjar. Se trata marquetería de embutido realizada con piezas muy pequeñas de corte geométrico, con las que se dibujan motivos más amplios como se puede observar
El conjunto se compone de una mesa con cajonería y un gran espejo vertical integrado, coronado por un copete profusamente tallado. La estructura presenta un lenguaje historicista, con claras referencias barrocas y rococó, visibles en las volutas, roleos, cartelas y patas cabriolé unidas por un travesaño central escultórico.
La riqueza y profundidad del relieve, en el soporte y el copete, apuntan a una madera noble de buena calidad, como el nogal. En cuanto a la marquetería de pinyonet (también llamada grano de arroz), posiblemente se usó el peral, boj y maderas frutales capaces de precisar detalles finos: motivos geométricos y florales. La combinación de maderas claras contrastadas, crean un elegante juego cromático sobre el fondo oscuro del mueble.
La parte inferior se articula mediante una mesa con múltiples cajones, con frentes ricamente decorados por marquetería repetitiva. Las patas cabriolé, de talla profunda y dinámica, refuerzan el carácter escultórico del mueble y lo vinculan claramente a un gusto barroquizante reinterpretado en el siglo XIX.
El espejo, de generosas proporciones, está enmarcado por una moldura tallada de perfil sinuoso. En el copete superior destaca una miniatura oval en cobre, pintada a mano, representa un retrato femenino idealizado. Este detalle es especialmente significativo y revela una clara voluntad de enriquecer el mueble con un elemento pictórico, práctica habitual en piezas de alto nivel destinadas a interiores burgueses acomodados.
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