Escuela francesa o italiana; segunda mitad del siglo XVIII.
“Diana”.
Óleo sobre lienzo.
Presenta faltas.
Medidas: 32 x 39 cm.
Esta pintura se sitúa en un momento de transición clave en la historia del arte europeo, cuando el lenguaje tardobarroco dialoga con la sensibilidad rococó y los primeros impulsos del Neoclasicismo. El resultado es una imagen de gran refinamiento visual, donde el mito clásico se convierte en vehículo de placer estético y erudiccion.
La escena representa a Diana, diosa romana de la caza y la naturaleza, en un ambiente arcádico y sensual. Su figura reclinada, acompañada por amorcillos (putti) y animales asociados a su esfera, el ciervo y los perros, remite a una visión idealizada del mundo mitológico, más cercana al goce contemplativo que a la severidad heroica de la Antigüedad. La presencia de los putti introduce un tono lúdico y dinámico, suavizando la solemnidad del mito y reforzando la lectura alegórica vinculada a la fertilidad, la naturaleza y la armonía entre lo humano y lo divino.
El estilo pictórico revela una clara afinidad con el gusto del siglo XVIII: composición fluida, ritmos curvilíneos y una pincelada suelta que privilegia la atmósfera sobre el detalle minucioso. La paleta, dominada por tonos cálidos, rosados y verdes suaves, contribuye a crear una escena envolvente, mientras que el tratamiento de las carnaciones subraya la influencia rococó, especialmente perceptible en la representación de los cuerpos infantiles y en la idealización del desnudo femenino.
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