Escuela de SCIPIONE PULZONE (Gaeta, 1544 - Roma, 1598).
“Virgen de la Asunción”.
Óleo sobre lienzo. Reentelado.
Presenta faltas.
Posee marco italiano del siglo XVII.
Medidas: 115,4 x 90 cm; 127 x 106 cm (marco).
Esta obra se inscribe en el clima de transición entre el último Manierismo romano y los postulados de claridad, decoro y control emocional promovidos por la Reforma católica tras el Concilio de Trento. La pintura refleja los principios que caracterizan a la escuela de Scipione Pulzone: una religiosidad contenida, de intensa belleza idealizada, donde la emoción se expresa a través de gestos mesurados, rostros serenos y una composición legible, destinada a la devoción y a la meditación más que al impacto dramático. El tratamiento pulcro del dibujo, la elegancia de las proporciones y la riqueza cromática, especialmente en el contraste entre el rojo del vestido y los azules verdosos del manto, remiten a un lenguaje pictórico que busca reconciliar la tradición clasicista con las exigencias espirituales del nuevo arte sacro. En este sentido, la obra se sitúa en un momento clave de la pintura romana, inmediatamente anterior a la irrupción del naturalismo caravaggista, ofreciendo una imagen de la Virgen marcada por la gracia, la introspección y la nobleza formal.
Scipione Pulzone (Gaeta, 1544 – Roma, 1598), conocido como Il Gaetano, fue una de las figuras centrales de la pintura romana de la segunda mitad del siglo XVI. Formado en el entorno de Jacopino del Conte, Pulzone desarrolló un estilo personal caracterizado por un dibujo refinado, un cromatismo esmaltado y una atención minuciosa al acabado, que lo convirtió en uno de los retratistas más apreciados de la aristocracia y la curia romana. En su producción religiosa, adoptó con rigor los ideales tridentinos de decoro, claridad narrativa y corrección teológica, influyendo decisivamente en generaciones posteriores de pintores activos en Roma. Su obra representa uno de los últimos grandes momentos del ideal clasicista previo al giro naturalista del Seicento, y su escuela prolongó estos valores estéticos en un lenguaje devocional sobrio, elegante y profundamente espiritual, del que esta pintura constituye un testimonio elocuente.
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