Seguidor de CARAVAGGIO (Milán, 1571 – Porto Ércole, 1610)
“Santo Entierro”.
Óleo sobre lienzo. Reentelado.
Medidas: 41,5 x 32 cm; 46 x 47 cm (marco).
Esta obra reproduce fielmente la célebre composición del Santo Entierro, realizada por Michelangelo Merisi da Caravaggio entre 1602 y 1603, cuyo original se conserva hoy en la Pinacoteca Vaticana. El lienzo fue concebido para el altar de la Piedad de Santa Maria in Vallicella (Chiesa Nuova), uno de los espacios más significativos de la Roma contrarreformista. Tras la incautación napoleónica, la pintura fue trasladada fuera de Italia y, tras la caída de Napoleón, regresó definitivamente a Roma, ingresando en la pinacoteca bajo el pontificado de Pío VII.
La obra aquí analizada mantiene idéntica estructura compositiva y el mismo repertorio de personajes, lo que confirma la temprana y extraordinaria difusión del modelo caravaggista. Esta fidelidad no solo evidencia la popularidad inmediata del original, sino también el profundo impacto que ejerció sobre artistas y teóricos contemporáneos. Desde el momento de su presentación, el Santo Entierro fue objeto de elogios por parte de figuras como Giovanni Pietro Bellori, y despertó la admiración de maestros del Barroco como Pedro Pablo Rubens, quien llegó a realizar una copia de la pintura, reconociendo así su valor ejemplar.
Uno de los elementos más significativos de la composición es el uso de la luz tenebrista, característica fundamental del lenguaje de Caravaggio: una iluminación artificial, focal y dirigida, que irrumpe violentamente en la escena para modelar los cuerpos y acentuar la carga emocional del episodio. Esta estrategia lumínica refuerza la lectura profundamente humana del tema sagrado, rasgo distintivo de la producción tardía del artista, en la que lo divino se manifiesta a través de la experiencia física y el dolor tangible.
A ello se suma una gama cromática contenida y casi monocroma, dominada por ocres, tonos terrosos y blancos quebrados, propia del Caravaggio maduro. Esta austeridad cromática no solo intensifica el dramatismo de la escena, sino que concentra la atención del espectador en la corporeidad de las figuras y en la gravedad del momento representado, consolidando la obra como uno de los paradigmas más influyentes del Barroco europeo.
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