Escuela de JUAN DE VALDÉS LEAL (Sevilla, 1622 – 1690); siglo XVII.
“Piedad”.
Óleo sobre lienzo.
Conserva tela original.
Medidas: 112 x 168 cm.
La escena presenta el cuerpo exánime de Cristo tras el descendimiento, dispuesto en diagonal sobre un sudario blanco que, por contraste lumínico y cromático, se erige en eje visual y simbólico de la composición. La Virgen, abatida pero contenida, acompaña el cuerpo del Hijo con gesto de dolor silencioso, mientras las figuras secundarias ,tratadas con economía de medios—refuerzan la dramaturgia del conjunto sin distraer el foco narrativo principal.
Desde el punto de vista estilístico, la obra revela rasgos característicos de la órbita de Juan de Valdés Leal: un naturalismo vehemente, casi descarnado, visible en la anatomía de Cristo, cuya corporeidad se describe con un realismo sin idealización, subrayado por la representación de las llagas, el rastro sanguinolento y la tensión aún perceptible en los músculos. El uso del claroscuro es decisivo: los fondos oscuros, de textura densa, envuelven las figuras y las proyectan hacia el espectador mediante una iluminación dirigida, dramática, que intensifica el pathos de la escena. La pincelada, suelta y vibrante en determinadas zonas, convive con pasajes de mayor contención técnica, especialmente en los rostros, donde se busca una expresividad psicológica profunda más que una belleza formal.
La calidad pictórica se manifiesta en la eficaz articulación compositiva y en la capacidad para conjugar violencia expresiva y coherencia narrativa. El cromatismo, dominado por tierras, ocres y negros, se ve interrumpido estratégicamente por el blanco del sudario y los acentos rojizos de la sangre y los paños, recursos habituales en el lenguaje valdesiano para guiar la mirada y reforzar el significado simbólico del sacrificio redentor.
Juan de Valdés Leal (Sevilla, 1622–1690) fue una de las personalidades más singulares y radicales del Barroco español. Formado en el ambiente sevillano y profundamente marcado por la religiosidad de su tiempo, desarrolló un estilo personalísimo, caracterizado por el dramatismo extremo, el dinamismo compositivo y una expresividad casi violenta, en contraste con el clasicismo sereno de otros maestros contemporáneos como Murillo. Su influencia fue notable en el ámbito sevillano y andaluz, donde dejó una estela de seguidores y obras de taller que difundieron su estética intensa y moralizante. Valdés Leal encarna, como pocos, el espíritu más inquieto y desengañado del Barroco, y su legado resulta esencial para comprender la dimensión más emocional y cruda de la pintura española del siglo XVII.
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