Atribuido a SEBASTIÁN LLANOS VALDÉS (ca. 1605-1677).
“San Jerónimo”.
Óleo sobre lienzo. Reentelado.
Medidas: 191 x 112,5 cm (marco).
La pintura representa a san Jerónimo en uno de los episodios más característicos de su iconografía penitencial, aislado en un entorno rocoso y sombrío que refuerza la dimensión ascética y meditativa del santo. La figura, de anatomía enjuta y gesto vehemente, se dispone en un violento escorzo diagonal que dinamiza la composición y conduce la mirada del espectador hacia el rostro, intensamente expresivo, vuelto hacia lo alto en actitud de arrebato espiritual. El tratamiento del cuerpo desnudo, apenas cubierto por un amplio paño rojo, evidencia un interés marcado por el estudio anatómico y por la traducción pictórica del esfuerzo físico y emocional.
Desde el punto de vista estilístico, la obra se inscribe plenamente en el naturalismo barroco sevillano, con claras resonancias tenebristas. El fondo oscuro y poco definido actúa como caja escénica, haciendo emerger la figura mediante un fuerte contraste lumínico que modela volúmenes y acentúa la corporeidad del santo. La pincelada, suelta pero precisa, se aprecia especialmente en el paño rojo, cuya intensidad cromática no solo cumple una función simbólica aludiendo al fervor y al sacrificio, sino que se convierte en el principal foco visual de la composición. Este uso expresivo del color, contenido pero eficaz, es característico del lenguaje pictórico de Sebastián Llanos Valdés.
La calidad artística de la obra se manifiesta en la capacidad para conjugar dramatismo y contención. El rostro de san Jerónimo, surcado por arrugas y barba canosa, está tratado con un realismo sobrio que huye del idealismo para subrayar la experiencia vital y espiritual del santo. El gesto de la mano alzada, junto a los atributos iconográficos, el libro abierto en el ángulo inferior, símbolo de su labor como traductor de la Biblia, y la piedra penitencial, refuerzan la lectura teológica de la escena, centrada en el conflicto interior y la búsqueda de la verdad divina.
Los rasgos estilísticos observables el naturalismo crudo, el claroscuro acusado, la expresividad del gesto y la economía de elementos narrativos, permiten relacionar convincentemente esta pintura con el círculo de Sebastián Llanos Valdés, uno de los principales exponentes del barroco sevillano previo al pleno desarrollo del lenguaje murillesco.
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