Escuela española; siglo XVII.
“San Antonio de Padua predicando a los peces”.
Óleo sobre lienzo. Reentelado.
Medidas: 147 x 123 cm; 156 x 132 cm (marco).
La composición muestra a san Antonio de Padua en el episodio milagroso de la predicación a los peces, narrado por la tradición hagiográfica como respuesta a la indiferencia de los hombres ante su palabra. El santo aparece en primer plano, monumental y sereno, recortado contra un paisaje amplio y atmosférico que se abre hacia el mar, donde los peces emergen ordenadamente para escuchar el sermón.
Desde el punto de vista estilístico, la obra revela una síntesis entre naturalismo y idealización. La figura del santo se construye con un dibujo firme y una volumetría sólida, reforzada por el hábito franciscano de tonos oscuros, tratado con pliegues amplios y pesados que confieren gravedad y presencia física. El cromatismo es sobrio y contenido, dominado por ocres, verdes y azules apagados, en consonancia con la estética austera de la escuela española del Seiscientos. La luz, suave pero direccional, modela el rostro y las manos del santo, subrayando su gesto elocuente y su expresión de recogimiento místico.
La calidad pictórica se aprecia especialmente en el equilibrio compositivo y en la jerarquización visual: san Antonio actúa como eje central y espiritual de la escena, mientras que los personajes secundarios , los hombres que se retiran al fondo y los peces que escuchan atentos, refuerzan el sentido narrativo sin competir con la figura principal. El paisaje, de factura delicada y perspectiva aérea, contribuye a crear un espacio verosímil y contemplativo, alejándose del mero decorativismo.
La obra comparte rasgos estilísticos con pintores españoles del siglo XVII atentos al naturalismo devocional, como la claridad narrativa, la emotividad contenida y la dignificación del santo mediante una presencia física cercana al espectador. Este lenguaje visual buscaba fomentar la identificación espiritual y la contemplación piadosa, objetivos centrales del arte sacro del periodo.
La Escuela española del siglo XVII, uno de los momentos de mayor esplendor del arte peninsular. Los pintores de este periodo, activos en centros como Sevilla, Madrid o Valencia, desarrollaron un estilo marcado por el realismo, la intensidad espiritual y el uso expresivo de la luz. Influenciados por el naturalismo tenebrista y por las directrices iconográficas de la Iglesia, estos artistas contribuyeron decisivamente a configurar un lenguaje pictórico propio, de gran impacto emocional y profunda huella en la tradición artística occidental.
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