Escuela andaluza; siglo XVIII.
“Virgen del Carmen con santa Ana y san Joaquín”.
Óleo sobre lienzo. Reentelado.
Presenta faltas y restauraciones.
Medidas: 162 x 107 cm; 175 x 120 cm (marco).
La composición presenta a la Virgen como figura central y dominante, elevada sobre una nube de querubines, coronada y revestida con el hábito carmelitano, sosteniendo al Niño Jesús. A ambos lados, en un plano inferior pero claramente integrados en la escena, se disponen santa Ana y san Joaquín, padres de la Virgen, conformando una imagen de fuerte carga simbólica vinculada a la genealogía sagrada y a la legitimación espiritual de María.
Desde el punto de vista estilístico, la obra responde a los rasgos propios del barroco andaluz tardío: composición simétrica y claramente jerarquizada, cromatismo cálido y envolvente, y un acusado gusto por lo ornamental, visible en los ricos bordados del escapulario y en los detalles dorados del atuendo mariano. El modelado de las figuras es suave, con transiciones delicadas de luz y sombra que atenúan el dramatismo tenebrista del siglo anterior y favorecen una lectura más serena y devocional..
La iconografía de la Virgen del Carmen se presenta aquí en su formulación más difundida: María como Reina del Carmelo, mediadora y protectora, portadora del escapulario , rodeada de ángeles y querubines que refuerzan su carácter celestial. La inclusión de santa Ana y san Joaquín no solo enriquece el discurso iconográfico, sino que subraya la dimensión humana y familiar de la Virgen, un aspecto especialmente valorado en la espiritualidad barroca andaluza. Ambos santos aparecen como figuras venerables, de actitudes reverentes y gestos contenidos, que actúan como mediadores visuales entre el espectador y la visión celestial.
La escuela andaluza del siglo XVIII heredó la tradición naturalista y devocional del Siglo de Oro, reinterpretándola con un lenguaje más suave y decorativo, acorde con la religiosidad popular y el auge de las órdenes religiosas, entre ellas la carmelitana.
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