JAN ABEL WASSENBERG (Groningen, 1689, - 1750),
“La continencia de Escipión”.
Óleo sobre lienzo. Reentelado.
Firmado.
Medidas: 94 x 107 cm; 107 x 120 cm (marco).
Ejemplo de la pintura de historia neerlandesa del siglo XVIII, género en el que Jan Abel Wassenberg alcanzó un notable reconocimiento. El lienzo representa un episodio paradigmático de la Antigüedad clásica: el gesto de clemencia del general romano Escipión el Africano, quien, tras la conquista de Cartagena en el año 209 a. C., rechaza a una joven cautiva y la devuelve a su prometido, Alucio, renunciando además al rescate ofrecido y transformándolo en dote. La escena encarna los ideales morales de moderación, continencia y virtud cívica, valores especialmente apreciados por la cultura ilustrada del siglo XVIII.
La composición está cuidadosamente estructurada para guiar la lectura narrativa. Escipión ocupa el eje central, erguido y sereno, identificado por su atuendo militar y su gesto elocuente, que señala a la joven mientras devuelve simbólicamente su libertad. A la derecha, la figura femenina, envuelta en un luminoso vestido blanco, concentra la atención emocional del espectador; a la izquierda, el prometido y los familiares, en actitudes suplicantes, refuerzan el contraste entre la tensión inicial y la resolución moral del episodio. El uso del claroscuro y el fondo oscuro contribuyen a teatralizar la escena, concentrando la luz en los protagonistas y dotando al conjunto de una atmósfera solemne y reflexiva.
Desde el punto de vista técnico, la obra revela una ejecución refinada y segura. La pincelada es lisa y controlada, acorde con la tradición académica aprendida por Wassenberg durante su formación con Adriaen van der Werff, de quien hereda el gusto por las superficies pulidas, el modelado suave de las carnaciones y la elegancia idealizada de las figuras. El tratamiento de los tejidos, especialmente los rojos y blancos satinados, demuestra una gran sensibilidad cromática y un dominio de los efectos lumínicos.
La relevancia de esta pintura se inscribe tanto en su valor artístico como en su dimensión intelectual. Wassenberg, formado inicialmente en leyes y plenamente integrado en la élite cultural de Groningen, supo trasladar a sus composiciones históricas un discurso moral claro y accesible, destinado a un público culto que veía en la Antigüedad un espejo de virtudes contemporáneas.
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