AURELIANO MILANI (Bolonia, 1675 - Roma, 1749)
“San Pedro penitente”.
Óleo sobre lienzo. Reentelado del siglo XIX.
Presenta faltas.
Posee marco de c, 1830.
Medidas: 74,5 x 58,5 cm; 95 x 76 cm (marco).
Este lienzo de San Pedro penitente constituye un ejemplo especialmente elocuente de la madurez artística de Aureliano Milani y de su firme adscripción a la tradición clasicista de la escuela boloñesa. La figura del apóstol, representada en un momento de introspección y arrepentimiento tras la negación de Cristo, se impone al espectador mediante una poderosa presencia física y psicológica, lograda a través de un magistral uso del claroscuro y de una pincelada densa, cálida y modulada con notable sensibilidad.
Milani demuestra aquí un absoluto dominio técnico: la carne envejecida del santo, surcada de arrugas y matizada por sutiles veladuras, revela una observación directa de la realidad, mientras que la barba canosa y los pliegues del manto están resueltos con una factura segura, amplia y expresiva. La luz, dirigida y concentrada, no solo modela el volumen del cuerpo, sino que actúa como elemento narrativo, subrayando el drama interior del personaje y elevando la escena a una dimensión espiritual contenida, alejada del efectismo barroco más teatral.
El tema, profundamente arraigado en la iconografía contrarreformista, encuentra en Milani una interpretación sobria y grave, fiel al ideal carraccesco de equilibrio entre verdad natural y nobleza clásica. Frente al clasicismo rococó y elegante que cultivaban algunos de sus contemporáneos boloñeses, el pintor opta aquí por una imagen de intensa humanidad, donde el arrepentimiento se expresa más por la mirada elevada y las manos entrelazadas que por gestos enfáticos.
Milani se formó con Giulio Cesare Milani, Lorenzo Pasinelli y Cesare Gennari, y asimiló decisivamente la influencia de los Carracci, integrándose plenamente en el clasicismo boloñés del siglo XVII. Frente al giro rococó de sus contemporáneos, mantuvo un clasicismo más severo, ejemplificado en Eneas y Turno. Desde 1719 trabajó en Roma, donde realizó numerosos retablos. En su madurez desarrolló una marcada vena realista, visible tanto en escenas de género como en obras religiosas. Destacan también sus decoraciones profanas, como la galería de Hércules del Palacio Doria Pamphili, y su poco conocida pero sólida labor como dibujante, heredera de la tradición carraccesca.
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