Escuela española, siglo XVII.
“Cristo ayudado por Simón Cireneo”.
Madera tallada, dorada y policromada.
Presenta faltas y restauraciones.
Medidas: 86,5 x 142 cm.
Este relieve pertenece a la producción devocional de la escuela española del siglo XVII, en plena vigencia de los postulados de la Contrarreforma, cuando la escultura polícroma alcanzó una extraordinaria capacidad narrativa y emocional al servicio de la piedad. La escena representa el momento del Camino del Calvario en el que Cristo, agotado por el peso de la cruz, es auxiliado por Simón de Cirene, episodio recogido por los Evangelios sinópticos y especialmente enfatizado por la espiritualidad barroca como imagen de la compasión y de la participación humana en el sacrificio redentor.
Desde el punto de vista estilístico, la obra se inscribe en una estética barroca de marcado naturalismo, visible en la caracterización anatómica de las figuras, en la atención a los gestos y en la disposición dinámica del conjunto. Las figuras se articulan en un friso narrativo de acusado relieve, donde los soldados romanos, de actitudes firmes y vestimenta militarizada, contrastan con la figura de Cristo, vencida por el esfuerzo y el dolor. La composición se organiza de izquierda a derecha, guiando la mirada del espectador hacia el eje central formado por la cruz, auténtico núcleo simbólico y estructural de la escena.
La policromía, de tonos terrosos y rojizos, refuerza el dramatismo mediante contrastes cromáticos sobrios, mientras que el dorado del fondo, trabajado con esgrafiados geométricos, introduce un plano simbólico que separa el episodio sagrado del espacio cotidiano, subrayando su carácter trascendente. Este recurso, habitual en la imaginería española, conjuga tradición medieval y sensibilidad barroca, otorgando a la escena un aura intemporal y sacralizada.
La iconografía de Simón de Cirene aparece aquí como la de un hombre robusto, integrado físicamente en el esfuerzo de Cristo, lo que refuerza su papel teológico como figura del creyente que comparte la carga del sufrimiento ajeno. Cristo, por su parte, se representa con un acusado patetismo contenido: cabeza inclinada, cuerpo vencido y gesto de resignación, rasgos que conectan con la estética del pathos barroco y con la voluntad catequética de conmover al fiel. Estos elementos permiten relacionar la obra con los rasgos estilísticos propios de los imagineros españoles del siglo XVII, especialmente aquellos activos en ámbitos como Castilla o Andalucía, donde el realismo expresivo, la intensidad emocional y la claridad narrativa fueron señas de identidad.
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