Escuela italiana; siglo XVII.
“Adoración de los pastores”.
Óleo sobre lienzo. Reentelado del siglo XVIII.
Medidas; 124 x 98,5 cm; 131 x 104 cm (marco).
La presente Adoración de los pastores se inscribe plenamente en el barroco italiano del siglo XVII, articulando un delicado equilibrio entre naturalismo, idealización y una cuidada construcción compositiva. La escena se organiza en torno al eje central de la Virgen con el Niño, dispuesta en actitud serena y meditativa, que actúa como foco visual y espiritual del conjunto. La arquitectura clásica del fondo ,marcada por la columna, introduce un orden racional que contrasta con la humanidad cercana de los personajes, reforzando la solemnidad del acontecimiento sagrado sin perder su dimensión íntima.
Desde el punto de vista estilístico, la obra manifiesta una estética clasicista suavizada, característica de la escuela boloñesa. El modelado de las figuras es delicado, con contornos precisos y carnaciones tersas, resueltas mediante una luz cálida y envolvente que evita los contrastes extremos del tenebrismo caravaggista. La calidad pictórica se aprecia en la sutileza de los pliegues textiles, en la gradación tonal de los azules y ocres, y en la expresión contenida de los rostros, que transmiten recogimiento más que exaltación dramática. La pincelada, controlada y pulida, contribuye a una superficie pictórica armónica, acorde con los ideales de belleza clásica reinterpretados en clave barroca.
La iconografía se ajusta al relato evangélico de la Natividad, destacando la adoración humilde de los pastores como símbolo del reconocimiento universal de Cristo. El Niño, desnudo y frágil, enfatiza la encarnación y la humanidad divina, mientras María adopta una postura introspectiva que subraya su papel como mediadora espiritual. San José aparece discretamente integrado en la composición, reforzando el clima de silencio devocional. Los gestos de oración y asombro de los personajes secundarios guían la lectura visual y teológica de la escena, invitando al espectador a participar emocionalmente del misterio representado.
Estos rasgos formales y conceptuales se relacionan estrechamente con el lenguaje pictórico de la escuela Italiana: la búsqueda de una belleza ideal, la moderación expresiva, el uso de una luz clara y armónica, y la preferencia por composiciones equilibradas que transmiten espiritualidad sin recurrir al dramatismo excesivo. La obra refleja así la aspiración del pintor a conciliar verdad natural y perfección ideal, uno de los principios fundamentales de su producción.
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