Escuela novohispana; segunda mitad del siglo XVIII.
“Dolorosa”.
Óleo sobre lienzo.
Presenta perforación y faltas.
Medidas: 60,5 x 45 cm; 70 x 54 cm (marco).
Durante la dominación colonial española se consolidó una pintura de marcado carácter religioso, concebida como instrumento de evangelización y orientada a la cristianización de los pueblos indígenas. Los artistas locales trabajaron a partir de modelos peninsulares, que reproducían fielmente tanto en los tipos humanos como en la iconografía, favoreciendo la difusión de un lenguaje visual homogéneo y fácilmente reconocible.
Especial relevancia adquiere también la iconografía de la Virgen de los Dolores y de la Soledad, estrechamente vinculada a la religiosidad popular. En estas representaciones, María aparece sola, con el corazón atravesado por espadas o sumida en un profundo aislamiento emocional, evocando el dolor extremo tras la pérdida de su Hijo. El llanto explícito, con lágrimas que recorren su rostro, intensifica el pathos de la escena y refuerza su capacidad de conmover al fiel.
La devoción a los Dolores de la Virgen hunde sus raíces en la Edad Media y fue impulsada de manera decisiva por la orden de los Servitas, fundada en 1233. A lo largo del tiempo se desarrollaron diversas formulaciones iconográficas centradas en María como figura del sufrimiento.
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