Pintor caravaggista francés; segundo tercio del siglo XVII.
“San Jerónimo leyendo”.
Óleo sobre lienzo.
Posee marco francés c. 1830.
Medidas: 96 x 138 cm; 126 x 166 cm (marco).
San Jerónimo leyendo fue uno de los temas más recurrentes de la iconografía barroca. La composición se inspira directamente en un grabado de José de Ribera publicado en 1624, del que toma la intensidad expresiva y el dramatismo lumínico característicos del naturalismo tenebrista.
El santo aparece representado como un anciano asceta, absorto en la lectura de las Sagradas Escrituras, con el torso desnudo y el cuerpo modelado por una luz fuerte y dirigida que contrasta con el fondo oscuro. El uso del claroscuro, de clara herencia caravaggista, acentúa el volumen de la figura y refuerza el carácter introspectivo y meditativo de la escena. Elementos simbólicos como el cráneo y los libros aluden a la vanitas, al estudio y a la reflexión sobre la fugacidad de la vida.
La pincelada es contenida pero expresiva, con especial atención a las calidades matéricas de la piel envejecida, los pliegues del paño rojo y los objetos dispuestos en primer plano. El paisaje apenas esbozado al fondo suaviza la composición sin restar protagonismo a la figura principal.
La obra conserva un marco francés fechado hacia 1830, acorde con el gusto historicista del siglo XIX. El caravaggismo francés se desarrolla a lo largo del primer tercio y mediados del siglo XVII como resultado de la profunda influencia ejercida por Michelangelo Merisi, Caravaggio, sobre numerosos artistas franceses que viajaron a Roma. Pintores como Valentin de Boulogne, Nicolas Tournier o Georges de La Tour asimilaron el naturalismo radical, el tenebrismo y la intensa carga emocional del maestro italiano, adaptándolos a una sensibilidad más sobria y reflexiva. Estas obras reflejan tanto la espiritualidad de la Contrarreforma como el interés por la observación directa de la realidad, convirtiendo al caravaggismo en uno de los lenguajes más influyentes del Barroco francés.
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