JORGE MANUEL THEOTOCÓPULI (Toledo, 1578-Toledo, 1631)
“Retrato de dominico”.
Óleo sobre lienzo. Reentelado.
Medidas: 59 x 42 cm; 72 x 56 cm (marco).
Este sobrio Retrato de dominico ofrece una efigie de intensa presencia psicológica, construida desde la austeridad formal y la concentración espiritual. El fraile aparece representado de medio busto, recortado sobre un fondo oscuro y neutro que anula cualquier distracción espacial y dirige toda la atención hacia el rostro. La mirada, ligeramente desviada, es profunda y vigilante, cargada de introspección, mientras que los rasgos angulosos y el modelado seco subrayan un carácter ascético acorde con la espiritualidad de la orden dominica.
El hábito negro, tratado con pincelada contenida y sin concesiones decorativas, refuerza la severidad de la imagen. Los únicos elementos que rompen esa sobriedad son el rosario y la cruz que penden del pecho, discretos acentos simbólicos que aluden a la vida religiosa y a la meditación constante sobre la fe. La luz, dirigida con precisión hacia el rostro, perfila las facciones con un claroscuro firme y eficaz, creando una atmósfera de silencio y recogimiento que intensifica el carácter devocional del retrato.
Desde el punto de vista estilístico, la obra se inscribe plenamente en la tradición pictórica heredada de El Greco, cuyo influjo marcó decisivamente la producción de su hijo Jorge Manuel. La composición sencilla, el fondo oscuro, la expresividad contenida y la atención casi obsesiva al rostro como reflejo del alma responden a los principios estéticos del maestro cretense, reinterpretados aquí con un lenguaje más sobrio y menos audaz. Frente a la radicalidad formal del padre, Jorge Manuel opta por una pintura más contenida, sólida y equilibrada, sin renunciar a la intensidad espiritual.
Formado en el taller paterno, donde trabajó hasta la muerte de El Greco, Jorge Manuel Theotocópuli desarrolló una carrera polifacética como pintor, arquitecto y maestro de obras. Aunque su producción pictórica prolonga los modelos y fórmulas de su padre, su mayor reconocimiento llegó en el ámbito de la arquitectura, donde alcanzó puestos de gran prestigio, como el de maestro mayor de la catedral de Toledo y autor del proyecto del Ayuntamiento de la ciudad. Este retrato, sin embargo, demuestra su capacidad para captar con rigor y sensibilidad la dimensión humana y espiritual del retratado, convirtiéndolo en un testimonio elocuente del retrato religioso toledano del primer tercio del siglo XVII.
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