Escuela sevillana o granadina; finales del siglo XVII.
“Niño Jesús como memento Mori”.
Óleo sobre lienzo. Reentelado.
Posee marco del siglo XIX.
Medidas: 63 x 89 cm; 74 x 102 cm (marco).
En un interior sobrio y silencioso reposa la figura de un niño pequeño que, dormido, apoya delicadamente sus manos sobre una calavera. La escena, de apariencia serena, se ve atravesada por una inquietante tensión simbólica: la inocencia infantil queda inevitablemente alterada por la presencia de la muerte, que se insinúa como una sombra persistente sobre la candidez y la fragilidad de la vida. El amplio espacio que envuelve la figura refuerza esta sensación de soledad y reflexión, convirtiendo el interior en un ámbito propicio para la meditación.
La imagen remite a un género artístico específico surgido en el siglo XVI, cuyo sentido puede resumirse en la idea de “como nacemos, morimos”. Este motivo gozó de especial difusión en Flandes y Alemania y se encuentra estrechamente vinculado al desarrollo de las naturalezas muertas de vanitas, tan características de la cultura visual del norte de Europa. En estas representaciones, los artistas exploraron de manera insistente la fugacidad de la existencia y la inevitable presencia de la muerte como destino común.
Dentro del amplio universo de las vanidades, uno de los ejes fundamentales fue precisamente la reflexión sobre el paso del tiempo y la fragilidad de todo logro humano. Estas obras denuncian la relatividad del conocimiento, la ilusión de la permanencia y la vanidad del género humano, sometido inexorablemente a la caducidad y a la muerte. Su concepción intelectual se halla profundamente ligada al célebre pasaje del Eclesiastés: “vanitas vanitatum, omnia vanitas” (“vanidad de vanidades, todo es vanidad”), que resume con contundencia el trasfondo moral y filosófico de este tipo de imágenes.
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