Escuela flamenca; primera mitad del siglo XVII.
“Escenas de la vida del Rey David”.
Óleo sobre tabla.
Medidas: 43 x 114,5 cm; 52 x 124 cm (marco).
Esta obra se inscribe plenamente en la tradición de la pintura narrativa flamenca del primer Barroco, caracterizada por su gusto por la escena compleja, teatral y densamente poblada, así como por una extraordinaria atención al detalle material. El episodio bíblico no se presenta como un momento aislado, sino como una construcción escénica continua, en la que varios pasajes de la vida del rey David parecen coexistir en un mismo espacio arquitectónico, invitando al espectador a una lectura pausada y reflexiva.
Desde el punto de vista iconográfico, la figura central de David, arrodillado y coronado, remite a su condición ambivalente: rey elegido por Dios, pero también pecador arrepentido. Su gesto de humillación y recogimiento contrasta con la actitud firme de los personajes que lo rodean, soldados, consejeros y guardianes, subrayando visualmente la tensión entre poder, justicia y penitencia. La arquitectura clásica, los interiores palaciegos y las escenas secundarias al fondo refuerzan la idea de una historia moral ejemplar, muy acorde con la sensibilidad religiosa y política de la Europa del siglo XVII.
El estilo revela una clara herencia del naturalismo flamenco: figuras sólidas, de anatomías robustas, rostros individualizados y expresivos, y una minuciosa descripción de tejidos, armaduras y objetos cotidianos. La riqueza cromática, con el uso de rojos profundos, ocres dorados y verdes saturados, no es meramente decorativa, sino que contribuye a jerarquizar la escena y a guiar la mirada del espectador hacia los puntos clave del relato. La iluminación, controlada y envolvente, modela los volúmenes con suavidad y acentúa el carácter íntimo y psicológico del episodio principal.
La calidad técnica del óleo sobre tabla es notable: el dibujo subyacente es firme, la pincelada precisa y contenida, y la superficie pictórica muestra un acabado pulido, típico de los talleres flamencos especializados en obras destinadas a coleccionistas cultos. Todo ello apunta a un artista bien formado, conocedor tanto de la tradición local como de las corrientes italianizantes que circulaban por los Países Bajos en estas décadas.
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