Escuela española; c. 1715.
“Virgen de la Fuencisla”.
Óleo sorbe lienzo.
Presenta inscripción. Fechado.
Medidas: 127 x 105 cm; 142 x 119 cm (marco).
La obra muestra, sobre fondo indeterminado poblado de Angeles, la imagen de la Virgen María con el Niño entre sus brazos. Por la vestimenta y la gran corona que porta sobre su cabeza, la imagen recuerda a la advocación de la Virgen Fuencisla, similar a la escultura de la imagen de Nuestra Señora de Fuencisla ubicada en el Santuario de dicha Virgen que se encuentra en Segovia. Lugar donde es venerada.
La pintura barroca española es uno de los ejemplos más auténticos y personales de nuestro arte, porque su concepción y su forma de expresión surgieron del pueblo y de los sentimientos más hondos que en él anidaban. Quebrantada la economía del Estado, en decadencia la nobleza y cargado de fuertes gravámenes el alto clero, fueron los monasterios, las parroquias y las cofradías de clérigos y seglares los que impulsaron su desarrollo, siendo costeadas las obras en ocasiones mediante suscripción popular. La escultura se vio así abocada a plasmar los ideales imperantes en estos ambientes, que no eran otros que los religiosos, en un momento en el que la doctrina contrarreformista exigía al arte un lenguaje realista para que el fiel comprendiera y se identificara con lo representado, y una expresión dotada de un intenso contenido emocional para incrementar el fervor y la devoción del pueblo. El asunto religioso es, por consiguiente, la temática preferente de la pintura española de este período, que parte en las primeras décadas del siglo de un prioritario interés por captar el natural, para ir intensificando progresivamente a lo largo de la centuria la plasmación de valores expresivos, lo que consigue mediante el movimiento y la variedad de los gestos, la utilización de recursos lumínicos y la representación de estados anímicos y sentimientos.
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