Escuela flamenca de finales del siglo XVI.
"Virgen del Rosario con Santo Domingo y Santa Catalina"
Óleo sobre tabla.
Medidas: 119 x 90 cm.; 130 x 102 cm.(marco).
Observamos en esta pintura devocional una iconografía profundamente ligada a la espiritualidad dominica y a la devoción mariana promovida tras el Concilio de Trento.
En el panel central, la Virgen aparece entronizada con el Niño, rodeada de ángeles que sostienen rosarios y coronas florales, símbolos de intercesión y salvación. A sus pies se arrodillan Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden dominica y gran propagador del rezo del rosario, y Santa Catalina de Siena, una de las santas más veneradas de la orden, representada con el hábito blanco y negro. La escena subraya el papel del rosario como vía de contemplación y mediación espiritual.
Rodeando la escena principal se despliega un complejo programa narrativo compuesto por pequeñas escenas que ilustran los misterios del Rosario, organizados a modo de retablo. Estos episodios, ricamente detallados, combinan pasajes de la vida de Cristo y de la Virgen, desde la Encarnación hasta la Pasión y la Resurrección, reforzando el carácter catequético y devocional de la obra.
Desde el punto de vista estilístico, la pintura refleja rasgos característicos de la tradición flamenca tardía: minuciosidad en el dibujo, gusto por el detalle narrativo, colores profundos y una iluminación clara que define con precisión las figuras y los espacios. La composición ordenada y la abundancia de escenas responden al ideal didáctico propio del arte religioso de finales del siglo XVI.
Concebida como objeto de devoción y enseñanza, esta obra se inscribe plenamente en el contexto de la Contrarreforma, cuando la imagen religiosa se convierte en un instrumento fundamental para la transmisión de la fe. Su formato, riqueza iconográfica y cuidada ejecución la acercan al lenguaje del retablo doméstico o conventual, destinado a la meditación prolongada y a la práctica del rosario.
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