GREGORIO VÁSQUEZ DE ARCE Y CEBALLOS (Santa Fe de Bogotá, 1638–1711),
“Piedad”.
Óleo sobre lienzo.
Medidas: 32,5 x 25 cm.
Esta Piedad constituye una muestra paradigmática del barroco santafereño y del lenguaje devocional que caracterizó la producción de Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos, el más importante pintor del Nuevo Reino de Granada en el siglo XVII. En un formato íntimo la escena concentra con intensidad emocional el tema tradicional de la Virgen sosteniendo el cuerpo inerte de Cristo tras el Descendimiento,-
La composición, de medio cuerpo y fondo oscuro, responde al tenebrismo heredado de la tradición hispánica: la luz modela los rostros y anatomías con un claroscuro dramático que aísla a las figuras en un espacio sin distracciones, subrayando la dimensión espiritual del acontecimiento. El gesto inclinado de María, el delicado contacto de su mejilla con la cabeza de Cristo y la disposición diagonal del cuerpo muerto configuran un triángulo compositivo que guía la mirada hacia el vínculo maternofilial. La contención expresiva, más introspectiva que teatral, singulariza la pieza dentro del repertorio pasionista, privilegiando la serenidad dolorosa sobre el patetismo exacerbado.
Vásquez, formado en el ambiente intelectual y religioso de Santa Fe —probablemente en el taller de los Figueroa, desarrolló su obra en el marco del barroco hispanoamericano (c. 1650–1750), adaptando modelos europeos a las necesidades catequéticas y espirituales del contexto criollo. Hijo de descendientes andaluces establecidos en el siglo XVI, su pintura refleja esa doble herencia: la tradición sevillana en el tratamiento lumínico y la sensibilidad local en la dulzura de los rostros y la proximidad emocional de las escenas. La mayor parte de su producción, centrada en episodios de la vida de Cristo, la Virgen y los santos, consolidó un imaginario visual que definió la cultura religiosa neogranadina.
Existe una pieza muy similar en la Iglesia de Santa Bárbara de Colombia, conocida como la Virgen del Topo; sin embargo, a diferencia de la versión colombiana, en esta pintura no se incorpora la cruz como elemento explícito del fondo, lo que intensifica el carácter atemporal y contemplativo de la escena. Esta supresión refuerza la intimidad del duelo y concentra la narrativa en el diálogo silencioso entre madre e hijo.
A pesar de los episodios dramáticos de su biografía , incluida su prisión en 1701 y la posterior caída en la miseria, así como la leyenda de su enajenación final, Vásquez dejó un legado decisivo para la historia del arte colombiano.
.jpg)