Escuela virreinal, Cuzco, siglo XVIII.
“Dolorosa”.
Óleo sobre lienzo. Reentelado.
Posee marco siguiendo modelos antiguos.
Medidas: 68 x 50 cm; 84 x 67 cm (marco).
Pintura devocional que encarna con intensidad la espiritualidad afectiva del barroco andino. La imagen representa a la Virgen María en actitud de profundo recogimiento y sufrimiento, evocando su dolor ante la Pasión de Cristo. Su iconografía, mirada elevada o baja, lágrimas discretas, manos entrelazadas o sobre el pecho, responde al modelo devocional difundido tras el Concilio de Trento, orientado a suscitar empatía y contemplación interior en el fiel.
Estéticamente, la obra revela rasgos característicos de la pintura cuzqueña tardía: frontalidad marcada, énfasis en la expresión emocional y una rica ornamentación en mantos y túnicas, frecuentemente realzados con dorados y delicados estofados como se aprecia en los ribetes del manto. La estilización del rostro, de facciones suaves y melancólicas, así como el tratamiento plano del fondo, subrayan su función icónica y devocional más que narrativa.
En el contexto histórico del siglo XVIII, estas imágenes ocuparon un lugar central en la religiosidad doméstica y conventual del virreinato, funcionando como objetos de meditación y consuelo espiritual. La Dolorosa no solo manifiesta la pervivencia del lenguaje barroco, sino también la consolidación de una sensibilidad local que, a través de la intensidad emotiva y la riqueza ornamental, dotó a la tradición mariana de un acento propio en el ámbito cusqueño.
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