Escuela novohispana; segunda mitad del siglo XVIII.
“Pectoral de monja con la Virgen de Guadalupe”.
Óleo sobre cobre.
Medidas: 20, 5 x 15 cm.
Los pectorales de monja pertenecen a la tradición de las miniaturas europeas, llevada a América por los colonizadores españoles y adoptada en los círculos conventuales de la Nueva España. Los pectorales eran pintados al óleo, como en el caso que presentamos, sobre placas redondas u ovaladas, con un marco que bordeaba la imagen principal, en el cual se colocaban imágenes de flores u otros motivos de ornato.
La imagen de la Virgen de Guadalupe, ocupó un lugar central en el arte colonial del siglo XVIII, especialmente en el ámbito novohispano, donde su culto alcanzó una dimensión religiosa, política e identitaria sin precedentes. A partir del fortalecimiento de la devoción tras su proclamación como patrona de la Nueva España en 1737 y la difusión del relato aparicionista del Tepeyac, su iconografía se multiplicó en pinturas, esculturas, grabados, biombos, enconchados y obras de arte popular, convirtiéndose en uno de los motivos más reproducidos del periodo.
En el terreno artístico, la Guadalupana consolidó un modelo iconográfico relativamente estable , la figura frontal, envuelta en mandorla luminosa, sostenida por el ángel y asentada sobre la luna, que permitió infinitas variaciones formales sin perder su identidad reconocible. Talleres urbanos y regionales la reinterpretaron según sus propios recursos técnicos y sensibilidades locales, lo que favoreció una amplia circulación social de la imagen, desde grandes lienzos destinados a templos hasta pequeñas pinturas devocionales para uso doméstico.
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