Escuela novohispana; siglo XVIII.
“San Miguel Árcangel”.
Óleo sobre lienzo. Reentelado.
Presenta restauraciones.
Posee marco de época.
Medidas: 54,5 x 40 cm; 51,5 x 42 cm (marco).
En esta pintura de lenguaje plenamente barroco se impone la figura majestuosa del arcángel San Miguel, desplegando amplias alas que subrayan su naturaleza celestial. La composición acentúa su doble condición de príncipe angélico y guerrero divino: su porte firme, su gesto concentrado .
En la jerarquía celestial, los arcángeles ocupan el rango superior del tercer orden angélico y son los únicos ángeles que poseen nombre propio. En Occidente, el Concilio de Letrán del año 746 restringió oficialmente el culto a tres arcángeles: Miguel, Gabriel y Rafael. Sin embargo, el hallazgo en 1516 de un fresco en la iglesia de San Ángel de los Carmelitas en Palermo, donde la Trinidad aparecía acompañada por siete arcángeles, transformó esta limitación. La imagen, ampliamente difundida a través de grabados que la replicaron con variaciones, contribuyó decisivamente a expandir la iconografía y la devoción hacia los siete príncipes celestiales.
La obra debe situarse en el contexto de la pintura colonial hispanoamericana, donde predominó un arte esencialmente religioso destinado a la evangelización de los pueblos indígenas. Los talleres locales adoptaron como modelos las composiciones españolas, replicando con fidelidad tipos, gestos e iconografías. Entre los motivos más difundidos figuraron los ángeles arcabuceros, síntesis singular entre lo militar y lo celestial, y las vírgenes de composición triangular, de fuerte carga simbólica. No obstante, en las primeras décadas del siglo XIX, en paralelo a los procesos de independencia y apertura política, algunos artistas comenzaron a distanciarse de la estricta dependencia peninsular y a formular un lenguaje pictórico con rasgos propios, en el que la tradición heredada dialogaba con nuevas sensibilidades e identidades emergentes.
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